‘Club kid’: la vida es una fiesta y todo el mundo tiene que estar invitada

No una, sino dos veces vi Club Kid en el Festival de San Sebastián. Y creo que eso ya dice bastante. Se convirtió, casi sin darme cuenta, en mi película favorita del festival. ¿Cómo? Porque hay películas que ves y te gustan, y luego están las que parecen saber exactamente algo de ti que tú todavía no sabías cómo explicar.

El debut directorial del actor Jordan Firstman como director nos presenta a Peter Green, interpretado por el propio Firstman, como un hombre que parece tener la vida perfectamente resuelta. Su plan de vida consiste básicamente en salir de fiesta, drogarse, tener encuentros homoeróticos, jugar a videojuegos y comer pizza. Hasta que aparece Arlo, un niño de diez años que resulta ser el hijo que tuvo hace una década, fruto de su único encuentro sexual con una mujer durante un trío.

El punto de partida ya nos lo conocemos: segundas oportunidades, paternidad, madurez, responsabilidad, soledad y un hombre que, quizá, siente que se ha pasado los últimos años de su vida huyendo de cualquier cosa que pudiera parecerse demasiado a una vida adulta. Como dijo una sabia una vez (Charli XCX): “it’s not chic to be the last one at the party, but I hate going home”. Y Club Kid entiende perfectamente esa sensación. La de no querer que se acabe nunca la fiesta. La de querer ser siempre la última persona en irse. La de conseguir que todo el mundo piense que eres “cool” cuando, en realidad, estás bastante triste.

Porque esta no es una película sobre la felicidad de salir de fiesta. Es una película sobre lo que viene después. Sobre la resaca emocional. Firstman filma los clubes, las drogas, los amigos y las noches eternas con una energía contagiosa, pero también sabe enseñar ese momento posterior en el que se apaga la música, vuelves a casa y de repente tienes que quedarte a solas contigo mismo. Club Kid entiende que una vida de fiesta puede ser divertidísima y, al mismo tiempo, esconder una tristeza bastante profunda. Que puedes estar rodeado de gente todo el tiempo y seguir sintiéndote solo.

Y quizá por eso la aparición de Arlo no funciona únicamente como el típico mecanismo narrativo de “ahora este hombre tendrá que madurar”. Funciona como una oportunidad para que Peter descubra que quizá lleva toda la vida cuidando de los demás sin darse cuenta. Porque aquí hay algo que me ha gustado especialmente: la idea de familia elegida. Pero de verdad. No como concepto bonito que queda bien en una película queer, sino como algo que vemos suceder delante de nosotros.

La película introduce además un debate sobre la custodia que podría haber protagonizado muchas otras películas del festival: qué es mejor, lo que quiere el niño o lo que es lo mejor para él… ¿Pero qué es mejor para un niño a ojos de la sociedad? ¿Un hogar dónde abusen de él o dónde esté rodeado de dolls que le enseñan a ser DJ? Qué tipo de educación necesita, qué ambiente es adecuado para crecer. Club Kid se permite cuestionar qué significa exactamente “educar” a alguien. No creo que Club Kid diga que la responsabilidad no importa. Creo que dice que hemos decidido de una manera muy concreta qué aspecto tiene una vida responsable y qué aspecto tiene una vida libre y feliz.

Visto desde fuera, Peter probablemente no parece la persona más adecuada para cuidar de un niño. Pero ¿y si llevar toda la vida de fiesta también significa haber aprendido a cuidar de la gente? ¿A saber cuándo alguien necesita ayuda? ¿A acompañar a alguien a casa? ¿A reconocer que una persona no está bien aunque diga que sí? ¿A reconocer una situación de odio? ¿A hacer sitio para quien no encaja en ningún otro lugar? Quizá salir de fiesta también puede hacernos mejores personas.

...
FILMIA
Hola! Soy FILMIA, tu asistente de cine.

Hazme una consulta y te informaré sobre todo el cine que nos rodea. Además, puedes buscar el nombre de dos artistas y te diré dónde han trabajado juntos.

¿En qué puedo ayudarte?