El Patronato de Protección a la Mujer fue una institución pública española, dependiente del Ministerio de Justicia, dedicada a vigilar, confinar y reeducar a chicas que no encajaban en el modelo moral católico tradicional. A aquellas jóvenes que eran denunciadas por conducta “irregular” -como llegar tarde, rebelarse o vestir de manera inapropiada- se les recluía en reformatorios gestionados por órdenes religiosas femeninas, donde, hasta 1985, fueron expuestas a diversos castigos: como regímenes carcelarios o trabajos forzados no remunerados. Cuarenta y un años más tarde, ‘Ruega por nosotras’ cuenta la historia de estas mujeres.
La nueva película de Daniel Monzón nos presenta a Ana, una chica de 19 años que, tras fugarse de casa una noche para salir con sus amigas, es internada, por su adinerada familia, en un reformatorio para “mujeres caídas o en riesgo de caer”. Bajo el régimen de las monjas, encuentra fuerzas en las amistades que genera con otras chicas en su misma situación.



El director explica en diversas entrevistas que “fue muy difícil sacar adelante esta película, pues las productoras no se atrevían a apostar por ella”. Y es que en nuestro país aún existe un gran miedo por desenterrar las historias menos luminosas del pasado colectivo. Sin embargo, la cartelera española de este año nos demuestra que se podría estar fermentando un cambio muy positivo.
Tras un guion que, a ojos del público más crítico, pudiera ser considerado “mainstream”, ‘Ruega por nosotras’ esconde una crítica tan potente como necesaria. Es de gran importancia que las atrocidades a las que estas mujeres fueron sometidas hace apenas cuatro décadas sean conocidas por el mayor número de espectadores posible. Y si para ello hay que convertir su historia en un thriller con tintes de cine de suspense, que así sea. Pues, de lo que no hay duda, y solo hay que escuchar las entrevistas ofrecidas por el equipo de la película para corroborarlo, es que, durante todo el proceso, se ha priorizado el mensaje por encima de todo lo demás.



‘Ruega por nosotras’, a pesar de estar dirigida por un hombre, es una historia de mujeres contada por mujeres. Zoe Bonafonte, en su primer papel como protagonista, demuestra ser una de las actrices más completas de su generación. No solamente por la inteligencia con las que maneja las emociones humanas, sino, especialmente, por el desparpajo con el que lo hace: consigue que lo difícil parezca sencillo. Adelfa Calvo, María Cerezuela y Carla Domínguez completan un reparto coral que entiende a la perfección su misión dentro del filme, haciendo que cada uno de sus personajes sea tremendamente memorable.
En sus dos horas de metraje, la película trata de representar el mayor número de realidades posibles para que la crueldad pasada no quede en el olvido. Aún así, explica el equipo, “tuvieron que omitir muchos de los castigos a los que las adolescentes eran sometidas porque, por su brutalidad, podrían llegar a opacar al mensaje principal del filme”. Lo que está claro es que ‘Ruega por Nosotras’ no deja a nadie indiferente. Ya lo pude intuir en su estreno en el Festival de Cine de San Sebastián, donde se llevó uno de los aplausos más largos del certamen; pero cuando realmente lo corroboré fue el pasado jueves, en su preestreno en los Cines Golem de Madrid, al ver cómo el público jóven salía de la sala conmocionado tras conocer la historia y el público mayor se despedía del equipo agradeciendo, entre lágrimas, el poder ver esta realidad, por fin, representada en pantalla grande.
A la salida de la proyección, pude escuchar a una chica decir: “si el Patronato siguiera vigente, yo sería una de ellas”. Y fue en ese preciso momento cuando entendí que, sin aspirar a ser más grande de lo que es, ‘Ruega por Nosotras’ logra uno de los objetivos más poderosos del cine: revolver la conciencia colectiva dando voz a todas aquellas a las que se les negó la palabra. Por todo ello, el 6 de noviembre tenemos una cita importante en las salas de cine.


