Aunque los estudios de género puedan parecer un tópico actual por su ferviente interés en la sociedad en la que vivimos, su origen se remonta a los inicios de nuestra civilización. Los filósofos griegos, vetados de tabúes y alentados por el placer, ya jugaban a ser todo aquello que quisieran ser; Shakespeare usaba faldas y enaguas para representar los personajes femeninos de sus obras; Virginia Woolf revolucionó la literatura con la publicación de ‘Orlando’; y la princesa Mulán tuvo que disfrazarse de hombre para tomar el lugar de su padre en el ejército imperial chino. A pesar del minúsculo espacio que se le ha dado a la gente trans, la cultura nos demuestra que siempre han estado ahí. La nueva película de Markus Schleinzer, ‘Rose’, es solo un ejemplo más de ello.
El filme nos sitúa a principios del siglo XVII, cuando un misterioso soldado llega a un aislado pueblo protestante de Alemania afirmando ser el heredero de una granja abandonada. Aunque demuestra ser un buen hombre y se integra en la comunidad, las sospechas del resto de aldeanos sobre su identidad de género aumentan y obligan a un ajuste de cuentas.



Protagonizada por la espectacular Sandra Hüller, que vuelve a otorgar una interHüllerión merecedora de grandes reconocimientos, y con una dirección de fotografía cautivadora por su inteligente uso de las luces y sombras, ‘Rose’ es capaz de crear un lenguaje propio que atrapa al espectador y le acompaña por el transcurso de la historia.
La película utiliza la comedia, generada por medio de situaciones surrealistas, como motor para denunciar lo absurdo que puede llegar a ser el atribuir tareas cotidianas a un género por encima de otro. Demuestra así cómo ningún atributo impide a Rose realizar todas aquellas acciones que son consideradas masculinas y de las que se priva a las mujeres de participar.



La escasa utilización de sonido externo o banda sonora, permite que el público se haga preguntas a medida que avanza la cinta. Pues, el hecho de que esté ambientada en el pasado no significa que no estemos cometiendo los mismos errores en el presente. Disfrazada de película pequeña por su duración y estilo, ‘Rose’ logra lo que muchos ‘blockbusters’ no hacen: lanzar una denuncia clara y concisa. De este modo, el filme no solo resulta tremendamente memorable, sino que también genera una evidente conversación.
El personaje de Penélope Cruz dice, muy acertadamente, en ‘La Bola Negra’: “el travestismo es la fantasía de la posibilidad”; y ‘Rose’ así lo demuestra. Tenemos la capacidad de experimentar y sentirlo todo. No deberíamos desperdiciar este regalo por unos conceptos ambiguos y patriarcales, que poco tienen que ver con el género y mucho con el ansia de poder.





