‘Super Mario Bros.’: cuando la nostalgia está bien ejecutada

Seamos sinceros, Super Mario Bros no es la mejor película de animación de la historia, pero es una de esas obras que son conscientes de sus objetivos. Igual que algunos grandes blockbusters pretenden añadir dosis de dramatismo que acaban por ensuciar el espíritu de la propia película, hay otras que luchan por no alejarse del mismo, añadiendo elementos que guían todo hacia el mismo camino.

Nos hemos malacostumbrado a ver cómo las diferentes productoras nos arrancan de las manos nuestros recuerdos para bombardearnos con ellos en una pantalla de cine. Y es que ya no nos resulta extraño ir al cine para ver la cuarta entrega de una saga que murió hace décadas, un remake con poco o nulo valor artístico de una película de los 80 o una nueva adaptación de un cómic o videojuego que no necesitaba ser adaptado. Sin embargo, Super Mario Bros es otra cosa.

Hacía mucho tiempo que no lo pasaba tan bien en una sala de cine. Super Mario Bros es una vuelta de tuerca a la mítica historia de Mario, Peach y Bowser, introduciendo un universo que, por más que ya conozcamos, nos fascina de igual forma que si fuese completamente inédito. Cada referencia a la saga está introducida con un esmero apasionante, de tal forma que hay muchas de ellas que están ocultas a simple vista, pero muchas otras, por evidentes que resulten, son orgánicas y resultan divertidas y emocionantes para aquellos quienes las conocen.

De igual forma la historia funciona por sí sola. De nuevo, no es la obra con más complejidad narrativa de la historia, pero cualquier espectador es capaz de disfrutar enormemente de una historia divertida, graciosa, apasionante y bien ejecutada. Sin duda alguna, y en su dosis medida y sosegada, este tipo de reinvenciones de universos ya conocidos pueden resultar útiles para revisionar historias que, pese a no necesitarlo de por sí, crecen cuanto más se hable de ellas.