“Todos somos inocentes hasta que se demuestre lo contrario” establece un principio legal fundamental. Sin embargo, en Irlanda parece que uno puede ser considerado inocente incluso después de haber sido demostrado como culpable.
Esta es la idea que el personaje de Vicky Krieps intenta transmitir a los demás miembros del jurado en Re-Creation, la nueva película de Jim Sheridan. La película presenta claras similitudes con 12 Angry Men, ya que transcurre casi por completo en una sala de deliberación. Sin embargo, se siente como una versión moderna más débil que no logra competir con la original.
El hecho de que esté inspirada en un caso real y que plantee un juicio imaginado resulta ciertamente interesante, pero la constante exposición de los traumas personales de los personajes no resulta convincente. Aunque este recurso alimenta el dilema moral sobre la incierta inocencia del acusado, resulta inquietante pensar que los miembros del jurado puedan dejarse influir más por sus experiencias personales que por una evaluación objetiva de las pruebas.



Lo que salva estos momentos de excesiva exposición es la extraordinaria interpretación del elenco. Krieps da vida a un personaje con gran profundidad, y es posible leer sus pensamientos y emociones a través de su mirada. John Connors también está magnífico y ayuda a sostener la película a pesar de su ritmo irregular y una tensión mal distribuida.
Creo que la intención de la película y la pregunta que plantea al espectador son muy distintas interesantes; sin embargo, su ritmo apenas logra evitar que resulte aburrida. También creo que sería difícil cambiar mi opinión, a diferencia de los miembros del jurado, que van modificando sus posturas uno a uno en esta claramente sesgada recreación imaginada del juicio de Ian Bailey.


