No hay nada más reconfortante que ver a un actor disfrutar de su papel y, si se trata de Glen Powell y su sonrisa de “todo va bien”, podemos estar seguros de que estaremos ante una de esas películas que desearemos volver a ver.
El actor, que recientemente estrenó ‘The running man’, se convierte en Becket Redfellow, el potencial heredero de la fortuna de una familia que deberá eliminar a todo un árbol genealógico para ser la última rama beneficiaria del bote.
‘Jugada maestra’ comienza con una conversación entre un cura y un preso condenado a muerte. Una charla narrada en forma de confesión -o examen de conciencia- para contarnos toda su historia. La historia de cómo Becket Redfellow llegó a elaborar un plan perfecto para hacerse con toda una herencia.



Con una brillante actuación, Powell consigue ese aura que pide una película así para interpretar a ese tipo de personaje. Una persona ambiciosa, desmedida, manipuladora y capaz de lo que sea con tal de cumplir la promesa que le hizo a su madre en su lecho de muerte. Becket tiene una vida normal y rutinaria y un trabajo digno, pero, tras la inesperada y casual visita de un antiguo amor, comienza a replantearse si realmente es alguien en la vida. Además, sus jefes deciden trasladarle de local para que un familiar del dueño asuma su puesto.
Su primer amor se llama Julia y está interpretado por interpretado por Margaret Qualley, cuya relación con Becket es complicada hasta el punto de convertirse en una mujer cualificada para el rol de femme fatale que pone patas arriba cualquier elaborado plan del que nuestro protagonista haya salido airoso. Además, no es el único interés amoroso de nuestro protagonista, pues Jessica Henwick está dispuesta a conquistar su corazón, pero cuando la lucha entre el amor y el dinero comienza a salir a la luz, nos damos cuenta que el amor nunca fue una rival.



Ed Harris es la última pieza del puzle y el motivo por el que Becket está donde está. Él es el abuelo de Becket para el que la familia nunca supuso una preferencia frente a la inmensa fortuna que actualmente posee. Harris es el final boss perfecto porque parece indestructible -sin tener en cuenta la inmejorable presencia del actor independientemente del papel que asuma-.
Disfrutamos de la cinta por cómo se orquestan los asesinatos y cómo se mimetiza el protagonista para llevarlos acabo sin que el propio FBI sea capaz de tener una mínima prueba por la que culparle. Gracias a esa constante narración que nos recuerda que seguimos inmersos en la conversación entre el preso y el cura, la película avanza sin que sintamos la necesidad inmediata de querer conocer el final, el cual se presenta como inesperado, sino de seguir gozando del desarrollo de su historia. A veces, nos recuerda a ‘Él Lobo de Wall Street’ por cómo va escalando la posición de la misma manera que consigue satisfacer una ambición sin límite. También recuerda a ‘Cómo acabar con tu jefe’ por la planificación de los asesinatos. Pero, lo que sí que está claro, que ‘Jugada maestra’ consigue su propio tono por el que sentirnos fieles seguidores de Becket y, sí, nos da completamente igual que sea un asesino, estamos deseando que le salga bien la jugada.



A medida que va trepando ese árbol genealógico, también avanza en la vida de Becket hasta el punto en el que llega a tenerlo todo: un buen puesto, un alto escalón social y una pareja que le quería, pero ¿era a lo que aspiraba?
Qué bien sienta cuando uno sale del cine con una sonrisa. Y es que ‘Jugada maestra’ es una muy buena película gracias a su elenco, su guion, una historia que no luce repetitiva y un ritmo que mantiene enganchado al espectador desde que comienza a proyectarse.


