‘Scarlet’: Para cuando uno necesite magia

«Cuando veas unas velas escarlata volar por el cielo sabrás que ha llegado tu momento». Ese la frase que le dice una bruja del pantano a Juliette en Scarlet y claro, el espectador no puede dejar de buscar cualquier señal mínimamente colorada en el cielo de ese pueblo francés de principios de siglo en el que se emplaza la película.

Algunos dicen que la trayectoria de documentalista de la que procede Pietro Marcello se deja entrever en esos insertos de archivo que el cineasta italiano incluye cada no demasiados minutos en su obra, pero la verdad es que yo lo noto mucho más en cómo retrata a las personas y sus relaciones entre ellas. Marcello (o su operador de cámara) empuña la máquina a mano, la levanta a pulso y la maneja con soltura poniendo empeño en encuadrar a los personajes con primeros planos de tal forma que sus expresiones cobran más vida que nunca. Ya desde la maravillosa Martin Eden el director italiano demostró tener una facilidad pasmosa para hablar de cómo son las personas justo así, retratándolas en planos cortos y pequeñitos y con unos movimientos de cámara con los que casi pareciera que la misma va a caerse al suelo.

Scarlet es un pequeño cuento (como de cierta forma también lo es Martin Eden) sobre la vida de un padre que retorna a un pueblo tras la guerra para descubrir que su mujer murió tras ser violada y que una mujer está cuidando de su supuesta hija. Ahí comienza nuestro viaje con Juliette, una joven que crece en un entorno mágico dentro de un mundo en el que la magia no existe.

Darle la mano a un personaje

La facilidad que tiene Juliette Jouan, actriz primeriza, para dar vida a la protagonista de esta historia es igual de mágica que las creencias de su personaje. El espectador la ve recién nacida, la acompaña en su niñez y le da la mano en sus primeros pasos por el mundo adulto y es que, aunque nosotros ya lo sepamos, siempre nos queda un pequeño resquicio de esperanza de que aquellos a los que queremos nunca descubran que este mundo no es lo suficientemente bueno para ellos.

La película de Marcello es preciosa por momentos, regalándonos unos planos preciosos bañados en el ruido que simula una cámara antigua, pero también es cruel y dura con la familia de Juliette. Supongo que por eso nosotros nos sentimos aún más aliviados que ella cuando vemos esas velas escarlata surcar los cielos.