‘El beso de la mujer araña’: está a la altura de los grandes musicales

Me encantaría saber cantar para hablar de ‘El beso de la mujer araña’, pero, como no es el caso, me limitaré a escribir sobre ella mientras imagino que sí que sé. Porque si hay algo que me ha enseñado esta película es que debemos permitirnos soñar pase lo que pase.

‘El beso de la mujer araña’ está basada en la novela de Manuel Puig que ya contaba con una versión clásica de 1985. Ahora, la película dirigida por el ganador del Oscar Bill Condon y protagonizada por Diego Luna, Tonatiuh y Jennifer López va un poco más allá y se convierte en un musical a la altura de los grandes musicales que hayamos visto alguna vez en la gran pantalla.

La cinta, ambientada en 1981 durante el período de terrorismo de Estado en Argentina, narra la historia de Valentín (Diego Luna), un preso político, y Molina (Tonatiuh), un escaparatista condenado por escándalo público con con quien comparte celda. El personaje de Diego Luna se muestra recatado y sumido en una libreta de la que no se separa hasta que cae la noche y las celdas se llenan de oscuridad. Tonatiuh, sin embargo, es todo lo contrario. Con una actuación teatralizada, asume el rol de una persona soñadora. A través del relato de una película, consigue estrechar lazos con su compañero de celda y enseñarle ese refugio en los momentos más intensos de conflicto interno y social.

Dicha película nos lleva a la compilación de unas imágenes muy coloridas donde todo es un festín de lujo, bailes y canciones perfectamente interpretadas por Jennifer López. Y es que parece que la película esté hecha para ella y que estamos acudiendo a su propio show: un espectáculo en mayúsculas. Las coreografías y su dirección son tan espectaculares que hacen que esta adaptración esté a la altura de los mejores musicales. Además de aquella actriz idolatrada por Molina, López interpreta a la Mujer Araña, capaz de anunciar la muerte de quien besa y de la que todos tratan de escapar, pero su habilidad seductora no lo pone nada fácil y que funciona muy bien como contrapunto narrativo de ‘El beso de la mujer araña’.

De los planos oscuros y contrastados en aquella cárcel argentina pasamos al tecnicolor que ofrece la parte musical estableciendo un equilibrio perfecto entre la prosa y el verso. Porque el relato principal se complementa con el creado por la imaginación del personaje de Tonatiuh, cuyos intérpretes parecen sacados de la película más hollywoodiense y su obligado final feliz. Pero, en la realidad, la felicidad dura poco y los bailes perfectamente interpretados por el trío protagonista se ven continuamente interrumpidos por la intervención de unos guardias que extorsionan a sus presos en busca de información. Valentín y Molina solo buscan la libertad, pero ¿basta con salir de allí para ser libre?

La libertad también existe en la comprensión. Porque nunca seremos capaces de hacer sentir a alguien libre si no tratamos de comprenderle y, aquí, el personaje de Diego Luna asume la lección con su compañero de celda estableciendo una química impecable que hace que la película se sienta natural, bien cuidada y a tono con esas imágenes grandilocuentes de la parte musical. Es por eso que el peso emocional fluye en todos los actos de la película, no hay momento en el que uno no sienta compasión por los protagonistas ni desee conocer su historia.

Mientras veía ‘El beso de la mujer araña’ sentía que estaba viendo dos películas distintas. Por una parte, un musical del que levantarse y aplaudir al final de cada canción y el que escuchar en bucle en resto de la semana y, por otra, el reflejo de una sociedad oprimida por una política que les impedía ver un mínimo de esperanza que les liberara. Pero mientras la veía, también sentía que estaba viendo ese tipo de cine del que seguro que costará quitarnos de la cabeza.