‘Cartas de Estado’: Persecución sistémica

En la pasada edición de la Berlinale, el cineasta turco-alemán Ilker Çatak se consagró como una de las voces de referencia en el cine del país germano al ganar el Oso de Oro, premio a la mejor película del festival. Lo hizo con ‘Cartas de Estado’ (‘Yellow letters’), una producción alemana que narra, con Berlín y Hamburgo como parte del reparto de la película, la represión del régimen de Erdogan sobre profesores, intelectuales y artistas que osan ostentar una voz crítica contra el mismo. Ahora, ‘Cartas de Estado’ llega a Valladolid para competir por la Espiga de Oro en la 71ª Edición de la SEMINCI.

En aparente democracia, Aziz, dramaturgo y docente universitario, anima a sus alumnos a asistir a una manifestación. Uno de estos alumnos graba un vídeo de esta conversación y, tanto Aziz como su esposa Derya y todos sus compañeros del claustro reciben unas cartas en las que se les explica que han sido inhabilitados de sus profesiones y comenzarán a ser “investigados” por la policía de Ankara. Así es el prometedor inicio de ‘Cartas de Estado’.

Çatak realiza una propuesta interesante pues, aunque la crítica política está teledirigida hacia el gobierno de su patria, realiza una serie de autocríticas interesantes con respecto a la organización sindical, al individualismo frente al colectivismo y hacia el grado de implicación político que tienen en realidad este tipo de perfiles. Aziz, aparentemente comprometidísimo con la causa es, en realidad, un vasallo más del régimen, no porque colabore con este, sino porque una vez llega el momento de la verdad, Aziz prefiere mantener ciertos cargos antes que arriesgarse a plantar cara a la autoridad.

Todo esto, pese a una cierta estandarización de las imágenes que la hace un tanto previsible, resulta intrigante. El espectador desea saber cuál será el siguiente paso y cómo conseguirán Aziz y Derya salir al paso de la que se les viene encima. Sin embargo, Çatak acaba transformando la obra en un drama familiar típico: el matrimonio roto, las relaciones con su hija, las discusiones y las suegras. Y aunque mantiene un subtono político en cada conversación, uno no puede no preguntarse si realmente era necesario profundizar en la relación matrimonial antes que incidir un poquito más en el funcionamiento de opresión sistémico pues, al final, la película cae en una indecisión por la que parece no terminar de saber sobre qué hablar.

En ese sentido, ‘Cartas de Estado’ podría haber resultado una gran película de crítica política ya que, en realidad, su único problema real es que le falta tiempo para profundizar (el mismo que le roba la parte dramática de la película). De igual forma, ‘Cartas de Estado’ podría haber sido un gran drama familiar que, aunque tal vez esté más manido, está bien construido y sus personajes son bastante apasionantes. Este pastiche de temáticas no la transforma automáticamente en una, ni mucho menos, mala película, pero sí que obliga a preguntarse si realmente era merecedora de un premio tan grande.

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