‘Naza’: la masacre de los civiles palestinos

Yuval Abraham pregunta: «¿Has participado en un genocidio?». Recibe esta respuesta: «Sí». El silencio sepulcral que siguió a la proyección de la película lo dijo todo. Nosotros también nos sentimos culpables.


Es una tarea difícil escribir una crítica de NAZA y, por eso, no voy a hacerlo. No voy a analizar el documental, sino reproducir lo que hace: informar sobre hechos brutos.
NAZA es probablemente la película más importante del festival, y también la más devastadora, precisamente porque no es una ficción. Si el cine puede ayudar en algo, es así: obligándonos a sentarnos y a mirar, de principio a fin, una verdad horrible de la que no podemos escapar. Pero cuando termina, sí podemos escapar de ella. Por eso debemos hablar. Y por eso voy a escribir.
Sombras anónimas cuentan su implicación en los bombardeos destinados a matar a miembros de Hamás. «¿Qué implicación? Si yo solo hice la bomba». «¿Qué implicación? Si yo solo seguí una orden». El peso del remordimiento es tan intenso que cada entrevistado parece buscar una manera de exonerarse de la culpa. El único alivio posible: su participación en este reportaje demuestra que, de algún modo, son conscientes de ella.


No discernimos sus caras ni podemos leer sus expresiones. No los conocemos; solo los escuchamos. Escuchamos lo fácil que es matar desde la distancia, lo bien que se sentía cumplir con una misión, con un deber, y lo conscientes que son de lo que están haciendo.
Escuchamos cómo comparan su trabajo con un videojuego, cómo matan a familias enteras o a personas que hacen cola para conseguir comida y, después, vuelven a casa para continuar con sus tareas cotidianas.


Vemos planos de casas habitadas, escenas cotidianas observadas a través de las ventanas, sin llegar nunca a ver un rostro. Adoptamos el punto de vista de los soldados: somos testigos, desde la distancia, de vidas humanas cuyos protagonistas desconocemos. Esta pequeña mirada sobre sus vidas nos recuerda que, en un instante de tranquilidad, todo puede terminar.
No solo es importante escuchar y ver este reportaje, sino también observar la recepción que ha tenido la película, analizar la respuesta que ha provocado a nivel mundial, quién la apoya y quién no, qué asociaciones respaldan a sus cineastas y, sobre todo, qué gobiernos la condenan. Desde su estreno, NAZA ha generado una fuerte reacción política y mediática, al mismo tiempo que ha recibido reconocimiento internacional, incluido el Premio Especial del Jurado en Venecia.


El periodismo cobra todo su sentido y su importancia en momentos como este. No podemos hacer otra cosa que agradecer a Yuval Abraham y Rachel Szor su trabajo. Pero les debemos algo más: difundirlo, hablar de él y, sobre todo, no dejar de señalar que se siguen cometiendo crímenes de guerra.

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