‘Monstruo’: Como en casa en ningún sitio

Hace más de cinco años que el maestro Hirokazu Kore-eda no se lanzaba a rodar una película en su país de origen. Fue en 2018 cuando ganó la Palma de oro en el Festival de Cannes por ‘Shoplifters’ la última vez que el nipón se colocaba realmente en el radar (pese a tener dos estrenos, francés y coreano, entre medias) y es que no hay nada como volver a casa. Ahora, tras su leve batacazo en taquilla con ‘Broker’, regresa a la gran pantalla con ‘Monstruo’ y con un Premio a Mejor Guion en Cannes bajo el brazo.

Jamás seré yo quien cuestione las decisiones del jurado profesional y cambiante que valora las películas de dicho festival, pero es que, además, en esta ocasión no hay ningún motivo para ello. ‘Monstruo’ es la historia de un joven que, presuntamente, recibe abusos por parte de su profesor de la escuela. Ya desde la ciudad francesa llegaron cientos de alabanzas a su estructura, que expone la misma historia desde tres puntos de vista diferentes (la madre del joven, el profesor y el propio niño), y es que es completamente entendible que crítica y jurado se rindieran ante ella.

‘Monstruo’ fluye sobre su historia de una forma maravillosa, tratando la misma historia e imagen de formas tan completamente diferentes que, de un modo u otro, cada uno de los tres fragmentos se sienten especialmente distintos, pero igual de bien cuidados. El primero de ellos se torna terrorífico (en el sentido estricto de su género cinematográfico), planteando una película que nunca jamás existirá y que embelesa a todo aquel que disfrute del buen suspense, demostrando así la capacidad de Kore-eda de salirse de sus propios códigos en los que familias desestructuradas viven un drama cotidiano. Aquí todo se convierte en algo mucho más oscuro y terrorífico (esta vez sí).

Sin embargo, es la propia cadencia de la película y su tan cuidadosamente ejecutada puesta en escena la que convierte ‘Monstruo’ en algo casi onírico, en un cuento de hadas tremendamente precioso que, de una forma u otra, representa una fase de la vida que todos hemos experimentado y con la que todos podemos sentirnos identificados.

Sin duda, el aspecto puramente estético de la película es maravilloso, pero es que qué más se puede decir de Kore-eda que no haya enunciado cualquier otro crítico del mundo. Al fin y al cabo estamos ante uno de los grandes maestros asiáticos de este siglo, y su obra y legado quedará grabada en las mentes de aquellos quienes se aventuran a disfrutarle. ‘Monstruo’ no se queda nada atrás, y entra en su filmografía como el mismísimo tifón que arrolla la casa del protagonista, fuerte, veloz y, de algún modo, bonito.