‘Golpe de suerte’: La «comedie» a la Allen

Hace ya unos cuantos meses que Woody Allen anunció que volvería a rodar una película, esta vez una comedia romántica, y que, con casi total seguridad, sería la última de su carrera. Se trata de su 50ª cinta, una más que se une a un grupo de obras que han formado una leyenda del cine como muy pocas se han visto a lo largo de este siglo y pico de historia del cine. Rodada completamente en francés, rechazada por el Festival de Cannes debido a los escándalos que rodean a su figura y, finalmente, estrenada en el Festival de Venecia bajo la cálida ovación de una buena parte de la crítica allí presente, Woody Allen pone final (o al menos eso dice él) a una larga y exitosísima carrera en el séptimo arte.

En ‘Golpe de suerte’ Allen regresa al universo de las romcoms, ese género a menudo menospreciado pero que, cuando encuentra su lugar, triunfa como el que más. Ya desde Venecia muchos apuntaban a un pelotazo del neoyorquino, una de esas películas que no se olvidan fácilmente y perduran en la memoria como uno de los más importantes trabajos de uno de los grandes. Se trata de una historia en la que un joven escritor se reencuentra con una excompañera de clase años después de separarse. Ella, casada con un hombre de la autodenominada “alta sociedad”, comienza a interesarse por él después de que este le confiese que siempre ha estado enamorado de ella y, por supuesto y como no podía ser de otra forma, todo comienza a enredarse hasta que es demasiado tarde.

‘Golpe de suerte’ es un romance, pero por encima de todo es una comedia capaz de sacar una sonrisa hasta en los momentos más macabramente terroríficos de la película. Y es que la cinta no gana enteros en sus momentos más emocionales, asemejándose más casi a una película de sobremesa a menudo llamadas “de tarde”, sino en los graciosos, en los que el tempo de la misma cobra sentido de verdad y, por fin, la película gana algo de trascendencia.

Woody Allen desenfunda el sable y comienza a atestar golpes, bastante certeros por cierto, contra todo aquel que pudiera considerarse parte de esa mitológica alta sociedad, elitista, machista y, en cierto modo, bastante rancia. Por supuesto, no deja de ser irónico que el director, que podría perfectamente considerarse como parte de ese estrato social, se obceque con atacar a aquellos quienes probablemente le han rodeado durante décadas y, de esta forma, liberarse así de una pesada carga que lleva a sus espaldas, pero es precisamente esto lo que hace que la película sea mínimamente memorable.

Obviamente un autor de este calibre no podía hacer un mal trabajo, pero la realidad es que, viniendo de un nombre como el suyo, uno podría esperar algo más de virtuosismo con la cámara o en algún otro apartado técnico, alguna cuerda de la que agarrarse cuando uno se está cayendo al vacío. Pero la realidad es que nunca llega esa ayuda, y más allá de su guion, por momentos brillante, la película se convierte en algo mucho más olvidable de lo que debería. Aun así, Woody Allen jamás será recordado como el director de ‘Golpe de suerte’, sino como aquel que dirigió ‘Annie Hall’, ‘Manhattan’, ‘Hannah and her sisters’ o incluso ‘Midnight in Paris’ y eso sí que no es cuestión de azar.