Crítica de ‘Pollos sin cabeza’

La nueva serie de Alex de la Iglesia y protagonizada por Hugo Silva, representa cómo es la vida de los negocios del fútbol detrás de los estadios y comienza con un chiste de penes.

Y así es la temática de esta serie, con un estilo desenfadado parece que quiere arrancar con temas críticos del fútbol moderno, que simplemente acaban en un chiste vago, zafio o tonto. No hay problema en hacer una serie de comedia que hable de fútbol, tenemos a ‘Ted Lasso’, pero después de tanto chiste, la serie se toma por momentos a sí misma en serio como si algo innovador estuviera haciendo.

Y es así cómo la serie consigue por momentos intentar hacer algo nuevo y exprimir el lenguaje audiovisual, pero no narrativos. Queda en recursos de montaje, cámara, iluminación o producción más sacados de un anuncio que de una serie.

Potencial no le faltaba, a veces toca temas que de verdad que son novedosos, pero quedan en un simple chiste, la especulación de jugadores, la estrellas que empiezan desde la pobreza y luego son muy narcisistas, la homosexualidad en el fútbol, la vida de un jugador después de retirarse, la falsedad y los excesos. Por momentos intenta ser simbólica pero con la profundidad de un charco y luego explicándolo por si no te habías enterado.

Hugo Silva interpreta a Beto, ex-jugador del Madrid, que debido a excesos y un accidente en el cual dejó paralítico a una persona, su carreta se fue a pique y se dedica a ser representante de nuevas promesas. Su actuación es bastante buena, aún teniendo el personaje que tiene. Beto por momentos quiere ser un personaje con moral, otras se deja llevar por el dinero, intenta ser un buen padre y conocer a sus hijas, otras que solo se quiere ir con su novia a tener relaciones, intenta recuperar su reputación, pero luego acaba hasta el culo de todo dando pena. Esto le da matices al personaje, pero tanto el tono de la serie como la historia hace que estos matices se vuelvan en su contra, en vez de ser humano y tener fallas, le hace gilipollas.

Los personajes secundarios están ahí, para hacer el chiste, ser el interés amoroso o sexual, el apoyo moral y el malo, un intento de mafioso, en ciertas situaciones supone un incordio para el protagonista, que por momentos sí que es interesante, pero luego es una caricatura de sí mismo y al final de la serie se vuelve algo fantasioso e irrealista.

Para el final de la serie, el protagonista es consecuente con sus actos y su forma de ser, pero más que una consecuencia narrativa, parece más un cliffhanger para una segunda temporada, que sinceramente tal y como es el protagonista, otro final no se merecía. Poco más que resaltar, actuaciones pobres, sobre todo por parte de Oscar Casas y el tema de la iluminación irreal, sobrecargada y por momentos plana, que ya lleva años siendo ley en las producciones españolas, que más que una serie parece que estás viendo un anuncio del IKEA.

Poco más se puede decir de esta serie, si te gustan las comedias españolas, mírate la serie, si solo quieres relajarte, mírate la serie, sinceramente después de todo lo malo la serie se las apaña para que te enganche en algunos episodios, pero cerca del final de la serie decae mucho.Cree la serie que entiende el mundo del fútbol, en cierta medida si lo hace pero el discurso es de un adolescente, tampoco entiende a su público, no sabe si ser una sitcom, una comedia estúpida, una reflexión o una sátira.