‘Beau is afraid’: Un pijama por el mundo

Resulta una odisea abarcar la espectacular cantidad de imágenes que ‘Beau is afraid’ deja reposando en la mente del ingenuo espectador que esperaba una obra de terror a la que le tiene acostumbrado Ari Aster, y es que poco en común tienen ‘Hereditary’ y ‘Midsommar’ con la nueva obra del realizador estadounidense. Resulta también difícil de creer (y a su vez esperanzador) que una productora (que poco a poco se ha ido convirtiendo en major) como A24 se lance a financiar proyectos de este calibre y firme así un salto al vacío en el que solo están como destinos la gloria o la muerte.

‘Beau is afraid’ es un viaje por el mundo de la mano de su protagonista, Beau. Un viaje de tres horazas (que iban a ser cuatro y productora y distribuidora obligaron a recortar) que deja a escépticos y a creyentes un poco perplejos por lo que ante sus narices está aconteciendo. Seamos sinceros, el mundo de Beau no es un mundo normal. Cuando caminamos por la calle no vamos huyendo de asesinos en serie que nos persiguen para hacernos unos cortes, de vecinos insultantemente agobiantes o de excombatientes que han perdido más de un tornillo y no son capaces de pronunciar palabra alguna. Pero es que Beau tampoco es un personaje normal.

No es la primera vez que nos encontramos con una película que utiliza los elementos surrealistas (y casi dadaístas) para crear escenas a priori inconexas, pero que guardan un valor artístico y emocional abrumador. El artista podría definirse como aquel que plasma su vida, sentimientos y pensamientos a través de un arte tan sumamente personal que en ocasiones es incluso complicado de comprender. No queda muy lejos la última película de Alejandro González Iñárritu, ‘Bardo, falsa crónica de unas cuántas verdades’, que era un viaje felliniano a través de la mente del propio director. Aquí Aster hacer algo similar.

Representar una mente al completo en una sola película

A través de diferentes pequeños mundos (dentro de una misma composición global) representa sus propios sentimientos y preocupaciones en forma de metáforas en ocasiones extremadamente desconcertantes. El gran problema de este método es, como es lógico, que no todo el mundo (de hecho, muy poca gente) va a comprender lo que se quiere dar a entender en cada momento, y claro, eso puede resultar frustrante (sobre todo cuando se está ante una película agotadoramente larga).

Por supuesto, las formas fílmicas que Aster proporciona a sus imágenes siguen siendo igual de espectaculares, porque el tacto a la hora de escoger un plano no se puede perder de un día para otro. Y es que, al fin y al cabo, por muy loca que sea la película, lo que se proyecta sobre la pantalla sigue siendo, mayoritariamente, precioso de ver. Por cierto, Joaquin Phoenix sigue demostrando que es una de esas pocas superestrellas del Hollywood contemporáneo que sigue (y seguirá) salvando obras que en manos de otros intérpretes serían meras caricaturas. No hay absolutamente nadie mejor que Phoenix para entender y aliarse con una de las mentes más retorcidas y brillantes de lo que va de siglo.

Sería imposible dar una descripción precisa de lo que uno siente cuando contempla ‘Beau is afraid’ en una gran pantalla, pero lo único que queda clarísimo una vez que finaliza la película, es que debe vivirse en una sala de cine, porque ‘Beau is afraid’ no se ve, se vive.