Seguro que más de una vez habrás escuchado eso de: “no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes». Y es que vivimos sumergidos en una vorágine de estímulos, inmediatez y privilegio que nos permite dar por hecho a la gente que nos rodea, la comida que nos llevamos a la boca, o incluso el poder levantarnos cada mañana. El director Diego Luna, en el coloquio tras la presentación de su nueva película en la 74 edición del Festival de San Sebastián, comentaba algo así como que “los humanos, muchas veces, solo logramos explicarnos nuestra propia existencia a través de una ausencia o un abandono”. Escuchando estas palabras, yo solo podía pensar en que el mero hecho de que existan películas que reflejen esta realidad tan humana, ya supone una victoria para nosotros como especie.
‘Ceniza en la Boca’, basada en la novela homónima de Brenda Navarro, narra la historia de Lucila, quien, en busca de una vida mejor, viaja con su hermano Diego desde México a Madrid para encontrarse con su madre, que lleva ocho años trabajando ilegalmente en la capital española con el único objetivo de mantener a sus hijos. Al llegar a España, descubren que la vida fuera de su país es mucho más dura de lo que imaginaban.



En este viaje, que se cuece a fuego lento pero seguro, la actriz Anna Díaz, protagonista del filme, nos hipnotiza por su sensibilidad, sus dudas y sus ganas de encontrar su propio espacio. Lucila es una niña que ha tenido que convertirse en mujer demasiado pronto y que, como la mayoría de nosotros, siente resentimiento hacia las decisiones que tomaron sus padres en el pasado y los culpa de su desgracia. Es solo cuando se independiza del núcleo familiar que logra darse cuenta de que, por mucho que odie su historia, está condenada a repetirla; pues no es hasta que uno hurga en la herida que logra encontrar respuestas.
Pero esta película no solo reflexiona, de forma completamente brillante, sobre cómo logramos entender a nuestros sucesores -y, por tanto, a nosotros mismos- a medida que vamos creciendo; sino que también muestra la dureza con la que nuestro país trata a los foráneos que, con su mejor predisposición, vienen en busca de una vida mejor. Es esta última cuestión la que hace a esta película tremendamente necesaria en la actualidad, pues, queramos admitirlo o no, seguimos mirando con menosprecio a todos aquellos que no son iguales a nosotros.
‘Ceniza en la boca’ es un torbellino de emociones que te sacude. Nada se cuenta de forma excesiva o burda, pues incluso los momentos de mayor tensión dramática son hiperrealistas. Diego Luna junta a un elenco de alto nivel para contar uno de los relatos más naturalistas que he visto en mucho tiempo. Y, lo más importante, no esconde su mensaje tras la belleza, sino que te lo planta justo delante y te hace partícipe del conflicto. Sales, por tanto, de la sala de cine, distinto a cómo entraste.





