‘El precio de la red’: Contra la tecnocracia

Entre finales del año 2020 y principios del año 2021, el reportero de investigación del The Wall Street Journal Jeff Horwitz estrenó una serie titulada ‘The Facebook files’. En ella, y gracias a la labor de filtración de Frances Haugen, una exempleada de la ahora llamada Meta, destapaba la información contenida en más de 20.000 documentos internos y confidenciales de la empresa billonaria. Así, colocó el foco en tramas de trata de personas, en la influencia deliberada en políticas extremistas (como, por ejemplo, aquellas que llevaron al asalto al Capitolio en 2020) y en la cantidad de bullying digital y suicidios de adolescentes a lo largo y ancho de todo el país.

Horwitz, que ganaría el Premio Pulitzer gracias a este trabajo, aseguró con datos en la mano que Facebook, a través de un sistema de premiación de los “compartidos” por encima de los “likes”, y mediante la omisión absoluta de la verificación de la información, que hasta un 64% de los usuarios en listas de extrema derecha habrían llegado a ellas porque la propia plataforma les recomendó esos contenidos. Todo ello, y las declaraciones de Frances Haugen y el propio Mark Zuckerberg sirvieron a Aaron Sorkin para realizar una “secuela” de ‘La red social’, ganadora de tres Premios Oscar en 2010.

Aaron Sorkin, guionista y director de obras como ‘El ala oeste de la Casa Blanca’ o ‘El juicio de los 7 de Chicago’, regresa a la denuncia social y política, manufacturando un guion perfectamente estructurado y con una pulsión narrativa digna de los clásicos del cine periodístico. Tanto es así, que por momentos ‘El precio de la red’ pareciera pertenecer a esta estirpe de obras clásicas, con sus puntos a favor (como esos diálogos endemoniados) y sus puntos en contra (unos puntos de giro y clímax previsibles). Pero, como siempre, el bueno de Sorkin acierta de lleno en su crítica.

Si bien ‘La red social’ era una película de personajes, ‘El precio de la red’ es una película de acciones. Es decir, la primera, retrataba los inicios de Mark Zuckerberg en la universidad, confeccionando a fuego lento la persona que hoy podemos observar en todos los medios: un hombre con ciertos problemas para relacionarse, hasta cierto punto “incel”, con una inteligencia severa, un hambre de dinero más libertario que liberal y, principalmente, una falta de escrúpulos asombrosa. En resumen, un caldo de cultivo idóneo para un magnate de Silicon Valley.

En ‘El precio de la red’, Zuckerberg es un actor secundario, pues ya conocemos de sobra su historia. Sorkin lleva la película hacia el porqué de los actos de Facebook y, la respuesta, no sorprende a nadie. Zuckerberg, del mismo grupo social de los Bezos, Gates o Musk, es un tecnócrata que maneja la política a su antojo sin que nadie le haya dado vela en este entierro. Sorkin, completamente en contra de que un multimillonario decida desde su sillón blindado el futuro del país, se posiciona claramente a favor de Haugen y Horwitz, recordando constantemente que sí existen personas con ideales luchando contra la mala praxis aunque, realmente, no sirva de nada.

Screenshot

Cinematográficamente la película es lo que cabría esperar de una de Aaron Sorkin: un buen montaje, unos planos no demasiado imaginativos y una imagen, en general, que tiende más a la imagen televisiva que a la cinematográfica. Esto no tiene que ser negativo ‘per se’, pero sí que genera un contraste con el ejercicio de autor de David Fincher en ‘La red social’. De alguna manera, ambas coexisten sin mantener necesariamente una relación precuela-secuela. La imágenes de esta ‘El precio de la red’ son transparentes, es decir, que no existe trabajo alguno de tratar de contar con las imágenes.No es que Sorkin sea un mal director sino que, simplemente, su labor como guionista es mucho más relevante para este tipo de proyectos.

En definitiva, uno podría haberse esperado una película más interesante a nivel formal, pero los estudios norteamericanos buscan, con cada vez más ahínco, separarse del circuito de festivales y buscar, paradójicamente, una rentabilidad a toda costa. Sin ser la película del año (aunque sí que se podría emplazar como una de las mejores centradas en el periodismo, si no la mejor), entretiene y ejerce una lucha fiera contra esos tecnócratas y, ya solo con eso, me tiene totalmente.

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