’65’ trata de sobrevivir a los dinosaurios, pero no se salva de la crítica

Adam Driver vuelve de nuevo a la acción después de haberse empapado de este género interpretando a Kylo Ren en las tres últimas películas de la cronología de la saga ‘Star Wars’ donde comenzó a formar su gran séquito de fans, y tras haber tocado otros palos totalmente opuestos donde lo realmente asombroso estaba en la interpretación y no en los efectos visuales. Y es por eso que Driver sea el verdadero reclamo de una película con una trama tan simple y tan vista. Bueno, y los dinosaurios, aunque estamos tan acostumbrados a verlos en pantalla grande que a lo mejor nos habría gustado toparnos con ellos de otra manera. Quizá, junto a otros factores como la competencia en cartelera y la crítica de medios relevantes, haga que la primera película dirigida por Scott Beck y Bryan Woods creada para ser un blookbuster esté siendo un fracaso en taquilla. Y, aunque no llegue a ser del todo una mala película, no funciona por sí sola.

’65’ pretende explorar los límites de la supervivencia en un planeta hostil habitado por dinosaurios. Para ello, narra la historia del piloto Mills que se sumerge en una misión espacial para encontrar la cura para la enfermedad de su hija. Él y Koa, a quien conoce tras accidentar contra un planeta desconocido, deben sobrevivir para escapar y volver sanos y salvos.

Y siento que la película se esfuerza por salir airosa, pero la gran cantidad de aspectos negativos la mantienen plana y apenas sin motivos por los que defenderla. Ya solo el argumento que se resume en pocas líneas pide a gritos un buen guion y una buena estética visual, pero falla en las necesidades básicas sin lograr algo destacable ni conseguir un equilibrio entre la sutileza y la sencillez. El conjunto de cualidades que requiere este tipo de ciencia ficción son las carencias que notamos, seamos o no críticos, en esta película que no es capaz de dibujar una química entre los personajes con los que sintamos compasión cuando nos susurran que quizá no salen vivos de la situación. La banda sonora tampoco llega a salvar una trama que escasea tensión ni unas escenas con unos personajes mal trazados que pasan desapercibidos en los momentos más emotivos. Eso sí, cumple con el CGI, ya que, para no ser una superproducción, defiende los efectos especiales y no los hace sentir forzados.

Igual la referencia es demasiado osada, pero si comparamos los mensajes de la hija de Mills con los que enviaba Murph a Cooper en ‘Interestelar’, no llegamos a sentir esa ternura, tristeza y rabia que tuvimos que lidiar con la película de Nolan. Y es un ejemplo de cómo perjudica a la atmósfera el mal respaldo de los personajes que termina por abandonar la emoción para rendirse a la conformidad.