‘5 minutos más’ llega al Festival de San Sebastián con una misión bastante sencilla: hacer reír. Y vaya si lo consigue. Dirigida por el responsable de Spanish Movie y Promoción Fantasma, la película sigue a una pareja interpretada por Berto Romero y Belén Cuesta que decide irse a un retiro de desconexión en una casa preciosa perdida en el campo. Allí les recibe un Javier Cámara convertido en especulador inmobiliario. Un personaje tan único y bien creado que me convence de que los especuladores de la vivienda sean así en la vida real.
‘5 minutos más’ juega con una idea que ya conocemos: el bucle temporal. Atrapado en el tiempo, Palm Springs y todas esas historias en las que los personajes están condenados a repetir una y otra vez el mismo día. Pero aquí hay una diferencia importante: cada cinco minutos TODO el mundo vuelve atrás, pero los daños físicos permanecen. Y esto convierte una premisa aparentemente absurda en un auténtico festival de golpes, sangre y decisiones cada vez más desesperadas. Lo interesante es que la película consigue construir un universo completamente loco que, al mismo tiempo, se siente demasiado cercano. Porque detrás del humor negro hay algo bastante reconocible: la incertidumbre. El miedo a no saber qué está pasando, a que las reglas cambien constantemente y a que nadie tenga una explicación. Es imposible no pensar en el apagón o incluso en la pandemia mientras ves a estos personajes intentando entender qué está pasando.



Y ahí es donde más me ha sorprendido la película: en lo bien controlado que está el tono. ‘5 minutos’ más puede pasar del chiste al terror en cuestión de segundos sin que parezca que está cambiando de película. El miedo hace que los personajes reaccionen de manera impulsiva, absurda y cada vez más violenta. Y así la película termina convirtiéndose en una horror comedy frenética en la que todo depende de sus personajes. El reparto está magnífico. Berto Romero y Belén Cuesta funcionan especialmente bien juntos, mientras Javier Cámara se divierte muchísimo con uno de esos personajes que parecen escritos para él. La película entiende que, por muy disparatada que sea la situación, necesitamos creernos a las personas que están dentro de ella.
Además, hay algo especialmente divertido en cómo está construida. Cada bucle funciona prácticamente como un plano secuencia: esos cinco minutos ocurren de principio a fin delante de nosotros. Esto no solo hace que la película tenga un ritmo endiablado, sino que convierte la repetición en una herramienta visual. Y cuando crees que ya han exprimido todas las posibilidades de la idea, aparece otra forma de jugar con el tiempo, con el espacio o con la narración.



Algunos chistes podrían acercarse peligrosamente al territorio del cuñadismo de la comedia española, pero milagrosamente aquí no termina por comerse la película porque debajo hay suficiente mala leche, humor negro y ganas de jugar como para mantenerla a flote. Sobre todo porque ‘5 minutos más’ entiende algo que muchas comedias españolas parecen haber olvidado: que hacer una película divertida no significa hacer una película tonta.
Salí de la sala con la sensación de haber visto una comedia española realmente refrescante. Una película que utiliza el absurdo para hablar de un miedo bastante real y que, además, consigue que toda una sala se esté riendo a carcajadas.
¡Y no pude parar de pensar en qué momento de mi día me hubiera pillado!


