‘Vidas pasadas’: In-Yeon con el talento

Tras triunfar en Sundance y Berlín, la realizadora novel Celine Song ha presentado en San Sebastián su ópera prima ‘Vidas pasadas’, que bajo el manto de A24 ya se ha convertido en una de las grandes reivindicaciones de crítica y público en Estados Unidos este año. Se trata de una pequeña pero sensible obra en la que una joven coreana, un par de décadas después de mudarse a Nueva York, se reencuentra con su mejor amigo de la infancia, rememorando así lo que pudo ser y jamás será.

Tener In-Yeon con alguien es algo así como una especie de destino determinado por tus encuentros con una persona en específico en tus vidas pasadas, antes de reencarnarte en el ser humano que eres a día de hoy. En un determinado momento de la película, Hae Sung le comenta a Nora que tiene muchísimo In-Yeon con su marido, algo así como que están hechos el uno para el otro, pero también pregunta cuánto tendrán entre ellos y cuanto más hará falta para estar juntos.

El pensamiento desgarrador de imaginar cuál sería tu camino si el destino hubiera sido mínimamente caprichoso, si uno no hubiera tomado las decisiones que tomó en su momento y si, tal vez, se hubiera reencontrado antes con una determinada alma se apodera de toda la película de una forma abrumadora. La delicadeza con la que Song trata la relación entre ambos coreanos pero también la de Nora con Arthur, (persona con pensamientos y sentimientos complejos y que merece ser tratado como tal y no como un simple adorno) es tal que uno no puede más que rendirse al sollozo que sube por su garganta.

‘Vidas pasadas’ es una película que enamora y causa sensación allá donde se proyecta y, la verdad, es que es totalmente comprensible porque, al fin y al cabo, todos hemos tenido las mismas sensaciones que Nora, los mismos pensamientos que Arthur y las mismas emociones que Hae Sung. Y eso es maravilloso.