Este año se ha producido un fenómeno curioso. Diferentes cineastas se han lanzado al proyecto de reimaginar los episodios del ‘Decálogo’ de Krzysztof Kieślowski. La serie del polaco, erigida ya por la comunidad cinéfila como una de las mejores series de la historia, exploraba en cada uno de sus diez episodios uno de los diez mandamientos de la tradición cristiana. En el pasado Festival de Cannes, el cineasta iraní Asghar Farhadi estrenó ‘Historias paralelas’, inspirándose en el episodio 6 del ‘Decálogo’ titulado ‘No matarás’; mientras que en Venecia y, posteriormente, en la sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de San Sebastián, el cineasta surcoreano Lee Chang-dong hizo lo propio con su ‘Un amor posible’, basándose en el episodio 10 ‘No codiciarás los bienes ajenos’. Ambas obras cuentan en sus créditos con Krzysztof Piesiewicz, productor de la serie original del cineasta polaco.
Lee Chang-dong, exministro de cultura de Corea del Sur y figura relevante del panorama cultural surcoreano se ha convertido, a través del estreno de obras como ‘Poetry’ o ‘Burning’, en una de las voces más interesantes del cine de autor en su país. En ‘Un amor posible’, Chang-dong se aleja expresamente de la significancia económica que pudiera tener el décimo mandamiento; es decir, que se centra en otros aspectos de la vida que son igualmente codiciables. La película narra la historia de Lee Yi-ji, una documentalista de buena cuna que, repentinamente, se interesa por las vidas de aquellos que fueron despedidos de una fábrica después de unas serias protestas y manifestaciones. La cineasta trata de hacer una película sobre un matrimonio concreto que guarda una relación muy estrecha con las consecuencias de los actos sindicales.



Y aquí es donde viene el giro, porque el magistral desempeño que Chang-dong realiza al escribir el guion retrata a Lee como una buena mujer, tal vez un poco simple o, más bien, reduccionista, pero sin atisbos de maldad. Lee, de alguna forma, codicia, envidia la forma que la familia a la que retrata tiene de luchar por una causa. La fantasía burguesa de buscar enemigos y luchasde las que apropiarse cuando no las tienen. Y si bien Choi y Ahn (el matrimonio), también codician el dinero de Lee y su pareja Sang-woo, Chang-dong pone de manifiesto la imposibilidad de la existencia de una relación horizontal. Esta reflexión es abrumadora, pues en ocasiones uno ve difícil el ejercicio de empatizar con el matrimonio, abocados a la pobreza, a los vicios y a la envidia, pero todo cobra sentido cuando se conocen los contextos de ambas parejas. Pese a que todos en la película sienten una profunda codicia, la cineasta y su marido observan a la otra pareja desde una posición de superioridad, por lo que esta codicia no puede se interpretable de la misma forma. Para el matrimonio trabajador, la envidia y el deseo surge desde la necesidad, mientras que para el matrimonio de la cineasta, estos provienen desde la codicia cristiana, es decir, desde el sentimiento de reclamar algo de otra persona cuando, en realidad, no es necesario para ti.
Con una estructura relativamente canónica, Chang-dong facilita la entrada del espectador a una historia densa y compleja, donde los grises predominan sobre los blancos y negros, pero donde se eleva en todo momento una cuestión de clase que ya hemos visto en los más internacionales cineastas coreanos (Bong Joon-ho, Park Chan-wook, Hong Sang-soo, Na Hong-jin…). La codicia, si bien resulta un aspecto negativo en cualquier ser humano, es entendible en aquellos quienes no tuvieron nada y, al contrario, es detestable en los que lo tienen todo. Sang-woo y Lee tienen, en todo momento, una actitud mezcla entre victimismo, superioridad moral y petulancia.



Y ahí entra la labor del autor. Pues un buen guion no es suficiente para lograr una buena película, Chang-dong utiliza todas las formas cinematográficas (especial énfasis en las recreaciones documentalistas) para elevar una obra que ya era buena de por sí. Así, ‘Un amor posible’ se convierte en una película gigantesca, en la que tal vez cuesta entrar, de esas que te dejan rumiando y, horas más tarde, lo entiendes todo. ‘Un amor posible’ es una obra que te llevas a casa, y eso la convierte, no solo en una película magnífica, sino en una de las mejores obras presentadas en este Festival de San Sebastián 2026.


