‘Till’: Cuestionarse la historia dejando huella

‘Till’ es el factor identificativo que presenta una película cuya base se sustenta en un caso real sobre la muerte de un adolescente afroamericano que se produjo de forma violenta e injusta. Estableciendo como protagonista, o como la guía del caso, el personaje de una mujer afroamericana que se caracteriza por ser la madre del suceso. Una película de crítica social que aclara una de las funciones del séptimo arte.

Basada en hechos reales

El hecho real que se convierte en la base de la película se centra en Emmett Till (Chicago, Illinois 1941- Money, Misisipi, 1955), el adolescente afroamericano que, con tan solo 14 años, fue asesinado en Misisipi tras la acusación de un coqueteo con una mujer blanca. Su cuerpo mutilado fue encontrado días después en el río Tallahatchie. Las fotografías de su cadáver causaron un fuerte impacto en todo el mundo después de que su madre decidiese que su ataúd estuviera abierto durante el funeral para que se conociera la brutalidad de los hechos. Se da lugar a un juicio que queda cerrado sin resolución clara, pero que cambió el curso de la historia. Se despertó de la ignorancia ante la brutalidad injustificada que los blancos ejercían con una supremacía sin argumento y sin castigo.

Encontramos cómo la base del film rebosa importancia social y fuerza argumentativa, pero a lo largo de la película no se percibe una característica destacable ante el hecho. Simplemente, percibimos una película lineal que da a conocer la historia real de forma superficial y sin centrar la atención en algo concreto del suceso.

Destacando quizás la excesiva importancia del protagónico emocional que establece el punto de vista des la madre de Emmett Till, pero al margen de los planos concretos y las escenas con una belleza visual y metafórica resaltables, encontramos una película tristemente simple ante un hecho tan relevante y explotable para la lucha social.

Como curiosidad, hace unos años -en julio de 2018- se anunció la reapertura de éste caso dejándonos percibir que aún quedan batallas abiertas y son de actualidad en su lucha aún latente socialmente.

El suceso

Nos presentan a un niño entusiasta, feliz y con toda una vida por delante llena de sueños. Pero, por desgracia, rápidamente nos hacen sentir el color de su piel como el hándicap de desigualdad social. Sin evolución y dilatación argumental, nos da el suceso con un escenario enmarcado en una escena en un entorno infantil de dulces y color donde la inocencia se convierte en ofensa.

Usando un juego de miradas mostradas con diversos planos y con diversas gesticulaciones de las caras, percibimos un guion silencioso cuya parte principal es la actuación. Sin duda, encontramos cómo la interpretación del elenco afroamericano es más expresiva que la del elenco blanco acorde a la dinámica de la película. Y con una presentación rápida de lo ocurrido, la continuidad de escenas que siguen hacen que de forma sutil, pero con un ritmo bruscamente cambiante, se encadenen escenas que nos llevan al punto clave del suceso.

Algo que se debe resaltar del film es el buen uso del plano general y, a distancia del suceso, nos permite entender metafóricamente el problema que se quiere contar. La fría y distante visión de la violencia injustificada presenta una película elegante. Es por ello que el caos contado y presentado en esta sucesión de imágenes sutiles, nos cuenta cómo Carolyn, de 21 años, atendía a la población que entrase en el local que regía su marido. Till se fue con sus primos a dicho local, pero el suceso ocurrió cuando tanto él como Carolyn se encontraban solos sin respaldo o presencia de ningún testigo. Solo se muestra una escena de entendimiento clara ante lo que en aquella época pasaba: el rostro de ella con asco mientras que el de él era más inocente, dejándonos entrever el racismo claro hacia los afroamericanos. Un simple silbido de admiración que en aquella época era un acto común y respetable de hombres a mujeres, hizo que Til se interesase por la belleza de ella y le silbase como reflejo de ese sentimiento, pero ella, al recibirlo desde la visión racista, reaccionó con ofensa. El claro racismo es visible en el entendimiento de la diferencia del suceso, dando dos opciones de silbido: piropo blanco, ofensa negro.

La continuidad de escenas marcan un antes y un después en este film donde el protagonismo de la madre cobra sentido continuamente a cada paso que da una vez que llega a Misisipi. La narración se focaliza en la madre, caracterizada por continuos reflejos y planos de sus ojos a través de los cuales se nos cuenta la historia desde las emociones. Pero el momento en el que la madre llega a la tienda donde el detonante surgió, desde el retrovisor del coche en el que se encuentra, se nos presenta la mera impotencia de expectación como madre ante ese hecho que el hecho que le ocurrió a su hijo.

El caso

Emmett Till no fue el primer asesinato que se produjo en los Estados Unidos cuyos agresores y ejecutores fueron absueltos de cargos. Los asesinatos racistas no eran desconocidos por aquel entonces ni nos son desconocidos en la actualidad, por desgracia. Aún queda camino por recorrer, pero este caso dejó una huella que hizo tomar conciencia y establecer una lucha activa sin miedo.

Gracias a una prensa activa de noticias, ciertas o inciertas, este caso se generó como mediático escandalizando a la población afroamericana y blanca, tanto a nivel nacional como internacional. Pero en el film, con cierto error, no hace demasiado eco de la parte más mediática y sí se centra en el sentimiento político y emocional a nivel familiar. Siendo una referencia de lucha el perfil y personaje de la madre, una víctima destrozada ante la pérdida y agresión de una supremacía blanca injustificada.

La huella

Esta película no es el único reflejo de este hecho real ya que fue tal la importancia del suceso que la huella lleva desde entonces marcando el arte escrito, oído y visual. Ejemplos de ellos son, entre muchos otros, los siguientes: Dos curiosos documentales realizados por historiadores que amparan las diversas teorías que engloban el suceso. También encontramos cómo el académico Christopher Metress determina que el joven Till aparece frecuentemente en la literatura como un espectro que acosa a la gente blanca de Misisipi, haciendo que se planteen su parte de culpa en la maldad o el silencio de una injusticia. Por otro lado, encontramos un poema de Langston Hughes conocido como ‘Mississippi 1955’ en el cual encontramos la figura de Till el 1 de octubre de 1955, en la columna de The Chicago Defender. Y, a nivel musical, entre muchas otras referencias de huella, destacaremos una canción de 2015 de Janelle Monae en Wondaland Records, ‘Hell You Talmbout’, menciona los nombres de afroamericanos como Emmett Till, reflejando con ello muertes cuya importancia marca una violencia racial.