‘The Quiet Girl’: Pocas palabras para un grito al cielo desesperado

Colm Bairéad nos transporta a la Irlanda rural de 1981 con la adaptación de ‘Tres Luces’, novela escrita por Claire Keegan. ‘The Quiet Girl’ es una maravillosa obra que afronta la búsqueda de un lugar en el mundo con un sutil relato.

Cuenta la historia de Cáit, una niña de nueve años que vive dentro de una familia desestructurada y de la que se ve afectada por su ambiente hostil. Un verano, sus padres deciden enviarla durante las vacaciones con unos parientes lejanos y Cáit deberá encontrar su sitio en el nuevo lugar con una familia que no le costará hacerle un hueco.

Delicada y profunda

Logra la sutileza para contar cosas sencillas de un modo que conmueve y nos llena de esa ternura con la que la protagonista se abraza a ese deseo de encontrar su sitio en la familia. Ese amor que pide a gritos en una película en la que apenas menciona palabra. Corre hacia la libertad, hacia sus ganas de aprender, de ser educada y respetada. Y, después de mostrarnos ese deseo de sentir el calor de un hogar, nos sentimos satisfechos con el plano final. Ese plano, esa frase, ese suspiro, ese llanto que humaniza la escena y llena a sus personajes de amor, pero a la vez de rabia por ver la dificultad con la que se trata lo simple.

Estética ideal

Rodado en 4:3 con una puesta en escena clásica, ‘The Quiet Girl’ encuentra la belleza también en los planos gracias a la fotografía de Kate McCullough (‘Normal People’ (2020)) que captura las mejores localizaciones de esa Irlanda rural y las colorea con una paleta de colores que inspiran los sentimientos de esa niña que no único que busca es sentirse querida y que siguen sus pasos mientras va sembrando esa confianza día a día hasta cosechar una profunda relación más allá de los lazos sanguíneos.

A la sobresaliente interpretación de Catherine Clinchcomo Cáit, se le suma el respaldo de Eibhlín (Carrie Crowley) y Seán (Andrew Bennett) en esta emotiva propuesta para reflejar la construcción de un mundo interior alentado por el amor, la delicadeza y la empatía con el propósito de hacer sentir a Cáit como en casa. Su casa.