‘Rodeo’: El mundo que realmente nos rodea

Igual que en nuestro país estamos siendo testigos de una corriente cinematográfica en la que diferentes autores (y sobre todo autoras) ensalzan y exponen su infancia rural en los pueblos de la España profunda, en Francia sucede algo relativamente similar. La tendencia de los nuevos y jóvenes cineastas franceses no es la de mostrar una infancia rural, sino la de la cambiar un relato establecido por una sociedad que no sabe de lo que habla, ahí es donde estas corrientes parecen encontrarse. Directores como Ladj Ly, Romain Gavras o la propia Lola Quivoron, han comenzado sus filmografías a base de relatar y dramatizar lo que ocurre en los barrios más desfavorecidos de las grandes ciudades del país.

En este sentido, Lola Quivoron no aporta una nueva visión artística, sino que coloca un nuevo grano de arena en ese grupo de películas que tratan de dar un por qué a la delincuencia que hoy atañe a determinadas comunidades, formadas en gran medida por inmigrantes que, lejos de sentirse acogidos por el gobierno y la sociedad francesa, han sido hacinados y olvidados en pequeños barrios en los que se sienten reclusos.

Si Ladj Ly trataba de dar voz a aquellos jóvenes migrantes del África subsahariana y Romain Gavras hacía lo propio con aquellos provenientes del norte del continente, Lola Quivoron coloca como protagonista a una chica hija de migrantes de las Antillas francesas. En ‘Rodeo’, expone una situación en la que los jóvenes se ven, de alguna forma, inducidos a cometer robos y ventas de motocicletas.

Es así como Quivoron da un nuevo matiz a esa historia que ya está en un profundo proceso de transformación. Las revueltas entre los jóvenes, que reclaman un nuevo espacio en la sociedad, más seguro y más justo, son cada vez más recurrentes, y es que la cineasta ya ha dado su opinión tanto de forma implícita en su película, como en su discurso político, a menudo demostrado en sus entrevistas.

‘Rodeo’ no es una película espectacular, pese a que cuenta con planos y secuencias que dirían lo contrario, pero sí que es una película tremendamente social y política, que no se coloca en una posición equidistante del problema, sino que aporta al relato y trata de transformarlo. En los próximos años, diferentes cineastas seguirán estrenando proyectos de este tipo, y de alguna forma, lucharán por lo que sienten que les pertenece. Dar voz a este tipo de historias no hace más que enriquecer la visión que podemos tener del mundo que nos rodea.