‘Pobres criaturas’: La consolidación del filósofo

Desde el comienzo de su carrera como cineasta, Yorgos Lanthimos, principal exponente del llamado “cine weird griego”, ha sentido una especial conexión con la maldad y la perversión de la naturaleza humana. Ya en su ópera prima, ‘Kinetta’, las relaciones entre sus personajes no solo estaban dotadas de una frialdad característica de lo que luego compondría toda su filmografía, sino que rebosaban crueldad por los cuatro costados. Este pensamiento pesimista, el de que todos y cada uno de los seres humanos (incluyéndose a sí mismo) somos personas terribles y no tenemos remedio, fue actualizándose y convirtiéndose en algo mucho más grande según estrenaba nuevas películas; y es que ‘Dogtooth’, ‘The killing of a sacred deer’ o ‘The favourite’ podrían ser consideradas como la gran obra magna de muchos cineastas de hoy en día. Sin embargo, Lanthimos es diferente.

Con cada película crece más y más sin que parezca que tenga un techo preestablecido como a mayoría de los mortales. Me gusta considerar al griego como algo así como una especie de filósofo, que con cada nuevo ensayo transforma su pensamiento, obteniendo algo que, pese a estar relacionado con todo la anterior, es diferente, novedoso y evolucionado. No sabría decir si ‘Pobres criaturas’ es su mejor película pero, definitivamente, si uno observa su trayectoria como autor notará una evolución tremenda que se plasma en prácticamente todos los ámbitos del largometraje.

Sus obras siempre han tenido un carácter negativo, algo así como si el propio director nos expusiera una maldad tras otra desafiando a nuestra capacidad de no escandalizarnos. Sin embargo, en ‘Pobres criaturas’ nace la figura que todavía no había hecho acto de presencia en sus películas: la del idealista. Esa persona que es capaz de transformar la visión de un mundo pervertido y que cree que puede cambiarlo por algo más sano y luminoso. La riqueza de los personajes de su nueva obra es tremenda. Tanto es así que, sin hacer demasiado spoiler, pareciera que uno de los personajes representa al propio Lanthimos hablando con sus propias palabras, escribiendo un texto filosófico sobre la vida y el mundo que nos rodea y sobre el por qué todo y todos merecemos la extinción.

Pero es que Lanthimos no solo ha crecido a nivel de contenido, sino que las formas fílmicas de las películas del griego han logrado un nivel de manufacturación tan espectacular que alcanza lo milimétrico. La variedad de tipos de planos, utilizados con sentido (incluyendo unos ojos de pez espectacularmente claustrofóbicos), el uso del color, la dirección de arte y de vestuario, la dirección de actores y el uso de la relación de aspecto transforman ‘Pobres criaturas’, no solo en una película más, sino en una obra de arte visual. Y por si fuera poco, el nivel interpretativo de la cinta es brillante, dejando como clara cabeza visible a una Emma Stone que realiza una de las mejores actuaciones de su carrera.

De nuevo, no tengo claro si esta es su mejor película, pues las hay igualmente brillantes, pero lo que sí tengo en mente es que el Lanthimos director de cine weird ha pasado a convertirse en un pensador con una capacidad de análisis majestuosa. Antes comentaba que no parece tener un techo real y es que, si su nivel como artista sigue creciendo a un ritmo igual de vertiginoso como hasta ahora, podríamos tener delante a uno de esos directores que marcan una generación.