‘Passages’: Humanamente adictiva

En una sala de cine, aunque estés acompañado por personas que ni conoces ni, probablemente, volverás a ver jamás, presenciar una escena de sexo se siente igual que si estuvieras en casa con tus padres, recostado en el sofá vigilando de reojo que no cotilleen tus formas de reaccionar a lo que está pasando en la pantalla. De una forma u otra, ver este tipo de imágenes en una sala de cine hace que el espectador se sienta igual de incómodo, observado por todos los que le rodean. Ira Sachs es consciente de ello y tal vez por eso mismo coloca una de estas cada diez minutos en ‘Passages’.

La incomodidad que provoca lucha con la sensualidad que emana el deseo, posiblemente el más humano de todos los sentimientos, consiguiendo que sea la propia consciencia la que se embarque en un dilema moral en el que uno no sabe si atender con ganas, reírse o simplemente dejar de mirar. Pese a todo, es imposible dejar de mirar a la pantalla cuando están proyectando ‘Passages’.

El trío amoroso entre sus protagonistas es una de las relaciones más veraces que se han visto en la gran pantalla en estos últimos años. La coherencia e incoherencia de los actos de los mismos refleja la capacidad del ser humano de contradecirse en tan solo un par de minutos, dejando que sea el instinto y no la mente la que decida sobre cada una de las decisiones que tomamos. Es por ello mismo que es extremadamente fácil encariñarse con Tomas, Agathe y Martin, entenderles y, en mayor o menor medida, sentirse representado por sus propias personas.

Pero esto no es casualidad, y es que, pese a que el trabajo de dirección de Sachs pasa, en ocasiones, algo desapercibido, es el guion escrito por el propio director el que pone la guinda, haciendo que los diálogos de los personajes sean apasionantes y que las decisiones que toman sean, cuanto menos, impactantes y apasionadas. Eso sí, nada sería posible sin el trabajo de Franz Rogowski, Adèle Exarchopoulos y Ben Whisaw, tres intérpretes magníficos que ya con este trabajo terminan de consagrarse como tres de los mejores actores de su generación (si es que no lo estaban ya).

‘Passages’ es por momentos incómoda, por momentos increíble y por momentos bellísima, haciendo que la película en sí sea un cóctel explosivo en el que, pese a entender lo que cada personaje busca, nunca sabes con certeza lo que va a ocurrir, convirtiéndose así en una suerte de ensayo sobre la sensualidad y el deseo. Y es que da gusto cuando un autor logra comprender la mente de tal forma que consigue imprimir en sus protagonistas una humanidad tan explícita, nunca mejor dicho. ‘Passages’ es, sin duda alguna, una de las películas más humanas y adictivas (en ese orden) de lo que va de año y, por supuesto, debería ser destacada como tal.