Jane Schoenbrun se alzó con el Premio a mejor película de Un certain regard en el pasado Festival de Cannes 2026. Ahora aterriza con su ‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’ en la sección Zabaltegi-Tabakalera del Festival de cine de San Sebastián.
En ‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’, Hannah Eibinder interpreta a Kris, una directora de cine indie americano que es reclutada por un gran estudio para hacer una secuela de una explotadísima y devaluada saga de terror slasher. Para ello, visita a Billy Presley, una Gillian Anderson que protagonizó la primera película de la saga cuando era solo una adolescente y que ahora permanece recluida y aislada en el set de rodaje de la misma. La fantasía de la obra se traslada permanentemente al mundo real, creando una confusión casi tangible entre realidad y ficción.
Con cada película estrenada Jane Schoenbrun es cada vez más ambiciose. En ese sentido, tanto ‘I saw the TV glow’ como, sobre todo, ‘We’re all going to the world’s fair’ son películas más pequeñas. Y si bien pudiera parecer que esto supone un gran paso adelante, Schoenbrun trata de abarcar tantos temas que, por momentos, la reflexión de la película parece desvanecerse levemente.



Sin embargo, ‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’ es divertidísima. Tanto es así que, con la simple aparición del título de crédito de la película, la sala de la Tabakalera arrancó a aplaudir de forma estruendosa. Su humor y su violencia están instrínsecamente ligados a un sentido de pertenencia y a un entendimiento absoluto de la vida, los problemas y el humor de la generación Z y, más concretamente, de las personas queer y LGBT.
El guion de la obra está construido de tal forma que tanto Kris como Billy Presley son personajes muy redondos, con unas inquietudes y unos miedos que se hacen palpables y, finalmente, humanos. Sus actrices están inmensas, hasta el punto de no poderse imaginar que lo que uno está observando es real. Y con ello juega su directore.
Las imágenes realzan la idea de que la línea que separa fantasía y realidad es extremadamente delgada, construyendo una suerte de mundo paralelo que es habitable para aquellos que no sienten que su lugar pertenezca a nuestro mundo. La película es, en sí misma, una película dentro de una película, trazando un juego de metauniversos que conecta de forma abrumadora con sus espectadores y que es capaz de sobrecoger a fieles y a no creyentes a partes iguales.
Y todo ello con ele propósito de realizar una reflexión profundísima sobre el despertar sexual, el deseo y la educación que se nos ofrece ante estos. Kris, que se descubrió a sí misma como lesbiana viendo la primera película de la saga “Campamento Miasma”, es un fiel reflejo de la propia experiencia personal de Schoenbrun. Ahora, con más traumas que buenos recuerdos, necesita una especie de masterclass, una colaboración profesional con Billy Presley.
‘Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma’ puede no ser perfecta, pero la inteligencia de Jane Schoenbrun la convierte en una película tremendamente especial y muy disfrutable. Tanto así que es posible que, aún con varios días por delante, se convierta en mi película favorita de esta 74ª Edición del Donostia Zinemaldia.


