‘Indiana Jones y el dial del destino’ despide de la mejor manera a nuestro arqueólogo favorito

El 28 de junio se estrena la quinta película, o cuarta para los más puristas que detestaron la continuación en 2008, que pone fin a una saga que nos ha acompañado desde 1981 con uno de los personajes más carismáticos de la historia del cine.

Harrison Ford, acostumbrado a recuperar personajes que deben su fama a exitosas sagas del siglo pasado, cuelga el sombrero del famoso arqueólogo en una película que es un completo homenaje con una historia que no tira a la borda el respeto a un personaje tan mítico como el de Indiana Jones.

El homenaje a una franquicia

Las tres primeras películas de Indiana Jones fueron clave para el desarrollo de un personaje que acompañaría a Harrison Ford durante toda su trayectoria, pero ¿era necesario recuperar su historia en 2008 en ‘El reino de la calavera de cristal’? Muchos de los fans más fieles reniegan de esta cuarta entrega por una larga lista de motivos y no entendían que el estreno de una quinta fuera del todo imprescindible.

Sin embargo, ‘Indiana Jones y el dial del destino’ no solo se redime del fracaso de la película de 2008, sino que es un completo homenaje a las tres primeras películas y a su protagonista, al que le aguarda un mejor final que al de Han Solo.

Siguiendo la dinámica de las anteriores entregas, la película dirigida por James Mangold es pura acción desde los primeros minutos y no descansa hasta los títulos de créditos finales. Tanto, que hay escenas que son presas de esa acción y no dan lugar a complementarse con la trama hasta el punto de agotar al espectador y desear de alguna manera que se centre en la narrativa para continuar con una historia que, tras dos horas de metraje, guarda otros veinte minutos de metralla final.

Nada que decir con respecto al CGI, en ocasiones carece de naturalidad, pero está tan bien integrado tanto con la historia como con el propósito de revivir nuestra nostalgia, que una simple pega sería excesiva. Y es que empezar la película con un Indiana Jones completamente joven es increíble, es un golpe a la nostalgia de esas primeras películas que hacían lo que podían con los recursos que tenían y que ahora se recupera visualmente mejor contada.

El tiempo como obsequio

Harrison Ford vuelve a portar su látigo y sombrero como un hombre solitario -al igual que ocurrió con Han Solo o Rick Deckard- de edad avanzada tocado por la cantidad de aventuras que ha vivido hasta ahora. Phoebe Waller-Bridge se desprende del humor de ‘Fleabag’ para escalar cimas inimaginables y desmostrar así que es la mejor compañera de aventuras. Ethann Isidore se une al reparto para complementar al dúo, pero su intervención resulta algo cuestionable ya que los actos imposibles que realiza se logran sin contexto ni justificación.

Esta quinta entrega era muy arriesgada para la franquicia ya que contaba con la tarea de mantener la esencia de las primeras, satisfacer a los fans y dar a Harrison Ford un final digno como despedida de su personaje. Sin embargo, los excesos de tareas han hecho que ciertas partes de la historia no queden del todo completas y se pierda cierto sentido en ocasiones. Como ocurre con el villano interpretado, cómo no, por Mads Mikkelsen, cuyas motivaciones se cuentan ligeramente al principio y parece un secreto hasta para él mismo, o con el personaje de Antonio Banderas que protagoniza muchos de los carteles principales de la película, pero su intervención no es más que un cameo que sirve como guiño a nuestro país cuando la historia se sitúa en España -como pasó en ‘Uncharted’, que el mismo Tom Holland tuvo que pedir al director que los dos tuvieran alguna escena juntos-. Por no hablar del final, para nada esperado y uno de los más locos del cine.

En conclusión

Hay cantidad de escenas calcadas de las películas anteriores, pero mejoradas con los nuevos recursos visuales que recuperan esa sensación de estar viendo algo nuevo sin alejarse de la esencia que le mantuvo vivo. La historia, aunque básica, es sólida y mantiene con respeto el personaje de Indiana con un enemigo decente que no pone nada fácil este último camino a nuestro asalta tumbas favorito.