‘Gru 4. Mi villano favorito’: cuando la rutina es el peor enemigo

Las criaturas amarillas más patosas y divertidas están de vuelta en una cuarta entrega que promete ser la que más refleje el día a día de una familia cuya mayor preocupación es la de adaptarse a una nueva vida.

Tras la amenaza de un villano llamado Maxime, Gru y su familia -Minions incluidos- deben cambiarse de barrio para empezar una nueva vida alejada del peligro. Pero lo que no saben es que se les daba mejor robar la luna que integrarse en el vecindario. 

Una película sobre villanos con 3 películas a la espalda y 2 precuelas debía contar con el mayor de los villanos, el más poderoso de los ya conocidos, para ser memorable. Después de las hazañas de El Macho o de Vector, dos de los personajes más carismáticos de la saga, la tarea de Maxime era la de superarles, pero el origen de su maldad es tan simple que no tarda en volverse pasajero.

Gru ha pasado por situaciones más complicadas que las que se le proponen en esta cuarta entrega, pero su manera de comportarse esta vez es como si no estuviera preparado para ello.

Sin embargo, gracias a la hija de sus nuevos vecinos, volvemos a recuperar por un breve instante a ese Gru que nos conquistó con sus dotes de villano demostrando que ha nacido para serlo. Hacer el mal siempre ha sido su zona de confort, por mucho que intente desvincularse de ella.

El papel de Lucy en ‘Gru 4: mi villano favorito’ finalmente no era el que me esperaba de un personaje que tiene tanto por contar cuyo entusiasmo ha sido siempre su fuente de energía. No solo no ha tenido un papel tan protagonista, sino que le hacen conformarse con lo que le proponen. 

Más que una madre de familia, Lucy ya se había convertido en la mejor compañera de viaje de Gru y por eso he echado de menos algún momento en el que saque ese potencial que ella misma sabe que tiene y que ya habíamos visto en anteriores entregas.

‘Gru 4: mi villano favorito’ está llena de humor, sentimiento y la valentía de innovar alejándose de lo ya concebido para adentrarse en una rutina que los propios personajes necesitaban en esta nueva vida cada vez más familiar.