‘Romeo y Julieta’: el lavado de cara del clásico de Shakespeare que protagoniza Tom Holland en los teatros de Londres

El pasado mayo irrumpió en el Duque of York Theatre de Londres la nueva obra de teatro de Jamie Lloyd, responsable de ‘Cyrano de Bergerac’ con James McAvoy o ‘The Seagull’ con Emilia Clarke y ganador del Premio del Círculo de Críticos al Mejor Director.

El también productor de cine británico eligió la historia de Romeo y Julieta para llevar acabo una propuesta nunca vista hasta ahora en un teatro.

El primero en ser desvelado como protagonista fue Tom Holland, quien ya conocía la sensación de subirse a los escenarios desde bien pequeño, decidió utilizar este proyecto como vía de escape del cine que tantos quebraderos de cabeza le estaban dando últimamente. En 2022 prometió un descanso en la actuación para encontrarse a sí mismo y volver a enfrentarse a un guion en una producción tan intensa es volver por todo lo alto.

Semanas después del nombramiento de su fichaje, que trajo consigo una venta de entradas que colgaron el cartel de sold out a los pocos minutos, llegó el de Julieta. La co protagonista de la obra iba a ser interpretada por Francesca Amewudah-Rivers, actriz ligada a otras obras de teatro, cortometrajes y hasta una serie de la BBC, que no tardó en recibir un acoso racista en redes sociales.

Al elenco se unen Freema Agyeman, Michael Balogun, Ray Sesay, Tomiwa Edun, Nima Taleghani y Mia Jerome, entre otros.

‘Romeo y Julieta’ es un experimento. Es la definición perfecta de tener el control de una historia contada ya en innumerables ocasiones. El espectador se siente inmerso en el ambiente tétrico que busca Lloyd desde que entra en la sala, un lugar pequeño que obliga a intimar con el resultado, y espera a que comience la obra acompañado de una música electrónica oscura y lúgubre.

‘Romeo y Julieta’ carece de elementos físicos que recreen ningún tipo de situación, cediendo la estética a lo minimalista incorporando técnicas audiovisuales que se acercan a las reglas cinematográficas.

Es interesante convivir durante poco más de dos horas con un ambiente empañado de música oscura, juegos de luces y cámaras en directo que juegan con las conversaciones en escenario y otras localizaciones del teatro. 

‘Romeo y Julieta’ es potente, desgarradora y diferente a lo que haya visto nunca esta pareja de enamorados. Es una reinvención del clásico de Shakespeare y una nueva forma de hacer teatro.

Tom Holland sobresale con su actuación y lo da absolutamente todo para demostrar que está a la altura de un Romeo completamente renovado. Su presencia y su voz excelentemente proyectada en el escenario hacen que nos olvidemos de aquel chaval simpático que hace películas comerciales y descubramos en profundidad al actor de ‘The devil all the time’, ‘Cherry’, ‘The Crowded Room’ y ‘Romeo y Julieta’.

La carencia de elementos estéticos obliga al guion a tener la mayor de las responsabilidades y la intensidad de las palabras y la buena construcción de todos y cada uno de sus personajes hacen que no tardemos en adentrarnos en la obra.

Francesca Amewudah-Rivers se encarga de una versión de Julieta que, más que moderna, se siente libre. La naturalidad con la que interpreta sus frases son la base de su personaje cogiendo mayor peso de la obra en el segundo acto. Su comportamiento con el resto del elenco la hace grande gracias a un carácter que hacen de Julieta una persona poderosa.

Sin embargo, en la novela de Shakespeare y todas las interpretaciones que tantos directores han ofrecido, hasta aquellos que hablan de su historia sin atreverse a mencionar sus nombres, Romeo y Julieta son uno. Son esa pareja de enamorados capaces de todo. Pero no da la misma sensación con Tom y Francesca que, aunque funcionen por separado, no logran esa química que era de carácter obligado. 

A Romeo se le siente enamorado, como en una nube, y su personalidad inocente estando con ella visten de originalidad a su versión. A Julieta, en cambio, se le nota más enamorada defendiendo su amor que pasando tiempo con él. Como si la llama perdiera fuerza cuando comparten escena y solo quedaran chispas cuando quiere recordarle.

El primer acto es el más intenso. Tarda muy poco en mostrar todas esas novedades que le dan una vuelta completa al concepto de teatro. Sin embargo, cuando llega el segundo acto donde predomina la palabra, el espectador termina echando en falta nuevas ideas que necesita la obra para seguir su concepto.

‘Romeo y Julieta’ termina por todo lo alto y, aunque todos sepamos su historia, todo cambia. Cambia la manera en la que la imposibilidad del amor les termina separando; cambia el lenguaje y cambia la cara del espectador cuando se anuncia el final de la obra.