‘Ferrari’: A medio gas

Cuando uno va a enfrentarse a una película de Michael Mann, se espera acción por todos lados, planos con muchísimo movimiento y un dinamismo en las imágenes digno de uno de los grandes maestros del cine moderno estadounidense. Sin embargo, en ‘Ferrari’ no encontramos esa “fórmula Mann”.

Por supuesto, el no atenerse a un estilo que parecía darte resultados en cualquier contexto no significa que la nueva obra no sea de un virtuosismo parejo, pero es que ‘Ferrari’ se queda un poco a medio gas. En ‘Ferrari’, Michael Mann da muchísima prioridad a la vida sentimental de Enzo Ferrari, en lugar de centrarse en lo que uno podría esperar de la película: carreras de coches ultrafrenéticas que suceden una tras otra.

El momento que se retrata en la obra es dramático, con un matrimonio destruido, una empresa casi en quiebra y una relación paralela que parece traer más desgracias que otra cosa. Con todos estos elementos en la receta, un autor que no esté demasiado acostumbrado a escribir y dirigir dramas podría caer en el exceso de sentimentalismo y, de alguna forma, echar por tierra gran parte de la credibilidad de la historia. Esto es lo que sucede en ‘Ferrari’. Un director acostumbradísimo a dirigir acción (y de forma sublime) tratando de captar la esencia de los personajes en planos cortos mientras que conversan, lloran y la música dramática se eleva hasta al cielo. Lo que viene a ser un melodrama un pelín exagerado de toda la vida.

Aún así, Mann propone un montaje en el que se intercalan este tipo de escenas, que pese a poner el foco en la figura de Enzo Ferrari, el personaje de Laura, interpretado por una Penélope Cruz descomunal que se adueña de todo lo que sale en pantalla, se roba el show; con esas carreras frenéticas y dinámicas que todos queríamos ver. Un gesto que sería interesantísimo de no ser porque las carreras tampoco parecen estar a ese nivel de espectacularidad al que nos tiene acostumbrado su autor.

Es una pena que lo que parecía ser un largometraje que dejaría a ‘Ford vs Ferrari’ en pañales (que, por otro lado, tampoco sería tarea demasiado complicada) se quede simplemente en un buen biopic. Una película que no llega a ser lo que uno esperaría en primera instancia, pero que tampoco está mal rodada ni mucho menos. Simplemente, algo disfrutable en lugar de una gran obra magna.