Si algo nos ha demostrado la 74 edición del Festival de San Sebastián es que el cine, como las personas, se presenta en muy distintos formatos. Hay películas grandilocuentes que llevan la tecnicidad al límite para contar historias que se prolongan en el tiempo y espacio, pero también otras que logran sobrecoger al espectador simplemente mostrando un trocito de la vida de una persona aparentemente común. Este año, el festival ha querido premiar con la Concha de Oro a una película que ha apostado por lo segundo.
‘Tender Loving Care’ nos muestra a Amy y Rosie, dos mejores amigas y trabajadoras sociales, que vuelven a compartir piso después de que Amy haya roto con su pareja. Ambas se enfrentan, a diario, a la ira y el resentimiento de las personas a las que atienden, mientras tienen que lidiar con sus propios miedos y preocupaciones. A su vez, los padres de Amy, ya mayores y preocupados por la felicidad de su hija, comienzan a afrontar una crisis propia.



A través de cuatro personajes interpretados por cuatro brillantes actores, ‘Tender Loving Care’ nos demuestra que, aunque no siempre lo parezca, el ser buenas personas tiene su recompensa. Mike Leigh se despide del cine con un trabajo que no solo pretende aplaudir y dar voz a todos aquellos que dedican sus vidas a estar al servicio de los demás, sino que también enaltece las relaciones de amor no románticas, que, aunque muchas veces las demos por sentadas, también nos sostienen cuando más lo necesitamos.
Ver ‘Tender Loving Care’ se siente como uno de esos abrazos largos, un momento de introspección, o un recordatorio de que no tenemos porqué lidiar solos con el peso de la vida. En una sociedad que últimamente parece estar alimentada por la polarización y el distanciamiento entre seres humanos, se agradece poder encontrar una pieza artística que apuesta por defender el amor como entendimiento y sostén de nuestra existencia.



Por medio de situaciones cotidianas, de charlas acompañadas por copas de vino y numerosos tés, cada uno de estos personajes se libera de todo aquello que les pesa más que les aporta. Aunque muchas veces preferimos callar para no preocupar a las personas de nuestro entorno, este filme nos enseña que la salvación se encuentra en dejarnos sostener por aquellos que nos aman sin condiciones.
Considero de una poesía extraordinaria que, en un año en que los estímulos son incesantes, el jurado del Festival de San Sebastián haya decidido premiar a una película que, aunque esconde un buen mensaje político, no aspira a cambiar el mundo, sino a hacernos más conscientes de él.


