Foto: Niklas Maupoix

‘El manipulador’: una lucha sin ventaja a favor de la verdad.

El 29 de agosto se estrena en Filmin ‘El manipulador’, un true crime sueco del creador de ‘The Restaurant’, Ulf Kvensler. La serie se desarrolla en 1996 en un centro hípico donde uno de sus profesores, el encargado de una granja y padre de familia, es un abusador de menores y un maltratador. Esta desgarradora serie de 8 capítulos está basada en hechos reales y pretende visibilizar el abuso de poder y la facilidad que tiene la sociedad de mirar a otro lado con esta lacra. Sophie Jahn, una de las hijas del encargado en la vida real, ha participado en su desarrollo aportando testimonios desgarradores y datos que envuelven esta lucha sin ventaja a favor de la verdad. 

‘El manipulador’ es una serie muy delicada que se embarca con responsabilidad en un largo viaje de varios años, pero que duele toda una vida. El profesor, un hombre que luce una fachada de entrenador simpático y marido perfecto, esconde una realidad completamente distinta alimentada por un estatus social que le empuja a relativizar sus actos. Y si no era suficiente con enfrentarse a sus abusos, también había que hacerle frente a una sociedad que cuestionaba unas acusaciones fundamentadas con pruebas de más de una víctima. La serie es consciente de qué cuenta y cómo lo cuenta. Y hay que destacar el personaje de la esposa, ya que juega un papel fundamental al personificar la impotencia de no ser ni sentirse valorada y vivir intranquila hasta cuando decide plantarle cara y alejarse. 

A pesar de que ‘El manipulador’ muestra imágenes demasiado sinceras, lo realmente explícito se manifiesta mostrando cómo se ven de afectados los personajes con el paso del tiempo. Cómo el terror de esas niñas se ha convertido en dolor y, a su vez, en silencio. Un silencio por el miedo a no ser escuchadas, rechazadas o criticadas y que, cuando por fin se aprecia un pequeño rayo de esperanza, se vuelve a oscurecer todo por culpa de una sociedad que no es capaz de abrir los ojos y despertar de una vez. Porque la sociedad es así y queda mucho por hacer.