Por fin ha llegado el día. Llevábamos esperando este momento desde que, hace justo un año, aparecieron las primeras imágenes de lo que sería el nuevo traje de nuestro amigo y vecino Spider-Man. Unas imágenes que nos ilusionaron por su sencillez y ausencia de CGI, lo que era una ventana abierta a imaginar que lo que estaba por llegar era una película de efectos prácticos. Adiós a los trajes grises con puntos de trackeo convertidos en trajes de metal. Hola, traje de licra ajustado con pliegues reales que facilitan la impresión del espectador de cara a sentir real un balanceo por los edificios más altos de Nueva York.
El equipo de ‘Spider-Man: Brand new day’ lleva un mes de tour global promocionando la película aumentando así nuestras ganas de ver lo que nos tenían preparado. Había muchas esperanzas puestas en esta película, la primera de ellas, por el hecho de que el propio Tom Holland ha estado involucrado en el proceso de guion tras reconocer que ya lo había intentado en las anteriores y haber escuchado a los fans de la saga lo que querían. Es como si el actor británico quisiera regalarnos lo mejor del superhéroe con la mejor de sus actuaciones.
Y es que Holland viene de estrenar ‘La Odisea’, la que supone su vuelta al cine más académico de la mano del ganador de un Premio Oscar, Christopher Nolan. En esta nueva representación de la historia de Homero, los efectos prácticos fueron la clave de todo sintiéndose así la película más real y perfecta. El CGI es capaz de trasladar a los actores a los lugares ficticios más inimaginables, pero ya hemos llegado a un punto donde se excede de la narrativa y la sensación que deja es la de estar pagando por visionar la cinemática de un videojuego.



Considero las otras ocho películas live-action muy buenas representaciones del Hombre Araña. Todas tienen algo que aprenden de las anteriores, como si se complementaran las unas a las otras como ya se vio en ‘No way home’. Pero, en este caso, lo que comparten todas para hacer de ‘Brand new day’ única es la búsqueda de la perfección para que con el paso del tiempo sea recordada como una buena película.
La cuarta entrega de la saga del amigo y vecino Spider-Man dentro del Universo Cinematográfico de Marvel llega hoy a las salas de cine y, desde ya, aseguró que es mucho más que una buena película. Para empezar, es la primera vez que siento vértigo cada vez que la escena se sitúa en lo alto de los rascacielos de Nueva York. Es como si Destin Daniel Cretton, su director, quisiera exprimir cada centímetro cuadrado de Manhattan dándole a Spider-Man la libertad de sentirla suya, como si la ciudad le perteneciera, y eso es algo muy bonito ya que, en la vida real, también existe esa unión ciudad-superhéroe.



La premisa es sencilla: después de haber sido borrado de la memoria de todos los que le conocían, Peter Parker debe lidiar con una nueva vida solo mientras que Spider-Man es adorado por todo el mundo. Ned y MJ tienen su propia vida como compañeros de piso, tal y como se habían prometido cuando soñaban con ir juntos a la universidad. Jacob Batalon mantiene la esencia de su personaje haciéndonos quererle todavía más, pero lo de Zendaya pasa a otro nivel. ¿Os acordáis del salto de madurez que vimos en Parker en ‘No way home’? Pues ahora es el turno de Zendaya, que coge a la MJ que conocíamos y la convierte en un personaje más real. De ella destacaba el sarcasmo y lo pasota pero inteligente que era, ahora, es como si estos años le hubieran pasado factura y tuviera que ceder su destino a la redención a la vida adulta.
Desde 2017, Spider-Man nunca ha estado solo, de hecho, es uno de los privilegios que ha tenido desde que pertenece al UCM. El de Tobey Maguire no necesitó a ningún otro héroe para salvar la ciudad ni mucho menos el de Andrew Garfield, pero desde la primera película de Tom Holland bajo la máscara, siempre ha tenido un respaldo. El de esta ocasión es -nuestro- Punisher.



Y es que el personaje de Frank Castle volvió del exilio con la primera temporada de ‘Daredevil: Born Again’ y su recibimiento fue por todo lo alto protagonizando hasta un capítulo especial en Disney+. Jon Bernthal vuelve a ponerse el chaleco antibalas para hacer dupla con Spidey, pero lo hace con un tono más informal que liberan al personaje de su duelo interior rescatando su lado más cómico y complementario a su compañero. Me recuerda al Wolverine de ‘Logan’ frente al de ‘Deadpool Vs Lobezno’, ese cambio de registro es abismal, pero tiene tan buena representación que es un soplo de aire fresco para el personaje.
Prefiero no revelar el papel de Sadie Sink para que la crítica esté libre de spoilers, pero debo dedicar unas líneas a lo que ha supuesto para una película que ha sido capaz de llevar a su terreno y abrir la puerta a muchas posibilidades. Si bien es cierto que la historia que cuenta ‘Brand new day’ se sale poco de su línea argumental, todo lo que propone el personaje de Sink termina por acaparar todo el centro de atención, lo cual es obvio ya que mueve un numeroso séquito de fans tras su recolección en ‘Stranger Things’ y la misión de su guion era darle un buen personaje.
Spider-Man vuelve con una muy buena película a la altura de ‘Spider-Man 2′, la que, para mí, es la mejor de todas las que se han hecho sobre el superhéroe por varios motivos: tiene a uno de los mejores villanos con el mejor desarrollo de personaje; plantea una crisis existencial entre Peter y su alter ego y las escenas de acción han envejecido tan bien que se hace raro que luzcan tan buenas si la vuelves a ver más de 20 años después de su estreno. De todas formas, no es difícil colocar la nueva película de del arácnido como una de las mejores películas del Hombre Araña teniendo en cuenta que las películas de Andrew Garfield no sobresalieron por culpa de su CGI y las de Tom Holland no han recibido una gran acogida unánime. Sea por lo que sea, ‘Brand new day’ no depende del descarte de otras entregas para sentirse como una magnífica película.



La Banda Sonora de Michael Giacchino vuelve a ser la clave de todo -e incluso el soundtrack elegido para ciertas escenas es más que acertado-, pero hay momentos donde el silencio gana. Momentos donde tanto los personajes como el espectador deben asimilar la situación sin dejarse influir lo que cualquier nota musical le proponga. Ya no hace falta envolver una discusión con una melodía, ahora el énfasis del guion es el éxtasis de todo y no necesita nada más.
Tras ver ‘Brand new day’ volví contento a casa. Volví con la sensación de estar viendo un nuevo Spider-Man, uno más acorde a lo que el cine requiere. Uno donde se le da un valor especial a lo simple y a las líneas de guion más que a una complejidad definida por un fanservice de caducidad inminente. Puedo decir que me siento orgulloso de ver cómo uno de mis héroes ficticios favoritos ha evolucionado en su interpretación y su cinematografía acercándome a una bonita sensación de pertenencia que rara vez he conseguido. Spider-Man y la ciudad de Nueva York siempre fueron uno. Hoy, el espectador forma parte de la unión.


