‘Posesión infernal: en llamas’: Lo que hace una por un cigarro

Cuando me enteré de que este año saldría una nueva edición de la saga ‘Posesión infernal’ (o más bien, ‘Evil dead’), caí en la cuenta de que ya era hora de ver esa trilogía ahora ya de culto dirigida por Sam Raimi para comprender de dónde salen estas nuevas películas. Mi sorpresa fue mayúscula, pues aunque no terminaron de encajar con mi forma de disfrutar el cine, la trilogía original es gore, es paródica y es, ante todo, tremendamente imaginativa. Sin embargo, estas nuevas películas de la saga, comenzando por la dirigida por Fede Álvarez (‘Posesión infernal’, 2013) y continuando por la obra de Lee Cronin (‘Posesión infernal: el despertar’, 2023), se despegan totalmente del tono paródico de sus predecesoras para proponer una nueva visión mucho más centrada en el terror (y al parecer, cuanto más bestia, mejor).

No sé si a los fans de la saga original este giro en su declaración de intenciones les convenció desde suinicio hace ya 13 años, pero parece que la línea creativa de la misma continuará hasta que su productora deje de encontrarle el sentido. Y es que‘Posesión infernal: en llamas’, dirigida por el francés Sébastien Vanicek, no es solo un poco más de lo mismo, sino que trata de llegar más lejos en el mismo sendero en el que caminaban las anteriores.

En ese sentido, ‘Posesión infernal: en llamas’ no solo trata de ser más bestia y brutal en sus desmembramientos, chorros de sangre (ahora también quemaduras) y muertes infinitas de toda clase y enjundia sin ningún tipo de censura; sino que Vanicek, que ya brilló en su debut como cineasta con ‘Vermines’ (2023) de terror arácnido, dota a la película de unos colores apagados, de unas conversaciones relativamente verosímiles y de una contextualización dramática bastante más incipiente que en las dos películas de este ‘reboot’. De esta forma, ‘Posesión infernal: en llamas’ es, con mucha diferencia, la historia más “creíble” de toda la saga.

Esto, en realidad, no tendría por qué considerarse como algo implícitamente positivo; es decir, la mayoría de fans podría alegar que una película así sirve para disfrutar y pasar un rato ameno, sin preocuparse por los dramas internos de los personajes y sus historias familiares. Pero aunque pudiera compartir parte de esta visión, siento que buena parte de la causa del impacto del terror reside precisamente en la identificación con los personajes, en saber que cualquiera de nosotros (con nuestros miedos, complejos y egos) podríamos haber estado en su misma situación.

Por supuesto, hay algunos problemas a lo largo de la película, como ese alivio cómico representado por un personaje concreto que interviene una y otra vez para tratar que el espectador escape mediante la risa de lo obsceno y abyecto que se proyecta en la pantalla. Aquí Vanicek pareciera tratar de rescatar el espíritu cómico de Raimi, pero acaba entorpeciendo su propia dramática y sus escenas (o al menos alguna de ellas) tan brillantemente filmadas. O esa incapacidad que parecen tener ciertos estudios a la hora de cerrar sus películas, complicando los finales e incluso, en ocasiones, multiplicándolos sin cesar con el objetivo de ofrecer la posibilidad de múltiples secuelas. Aun así, creo que tampoco se lee debe exigir una perfección felliniana a una película de estas características. Al fin y al cabo, tal como decía, una película así sirve para disfrutar y pasar un rato ameno. Y desde luego, cumple su propósito.