Johnny Knoxville tiene la edad de mis padres. No es una forma de hablar. Literalmente podría ser mi padre. Y, sin embargo, ahí está. Delante de un toro, intentando hacer un truco de magia, sonriendo. Han pasado más de veinte años y ‘Jackass’ sigue funcionando exactamente igual.
‘Jackass: Best and Last’ es una recopilación de los mejores momentos del grupo, pero también algo más extraño. Una cápsula del tiempo de la cultura MTV, de una época de internet que ya no existe y de un grupo de amigos que convirtió tomar decisiones terribles en una forma de entretenimiento.



Parte de la magia está en las imágenes de archivo. Algunas secuencias se sienten como material que nunca debió salir de una caja olvidada en los almacenes de MTV. Hay momentos que parecen archivos enviados desde otra era de internet, otra forma de hacer televisión y otra relación con el riesgo. Aunque, siendo sincero, me habría gustado ver más del grupo en la actualidad.
La película encuentra formas ingeniosas de adaptar los gags a la edad de sus protagonistas, pero también deja la sensación de que todavía quedaban algunas bromas más por enseñar.
Estos hombres ayudaron a criar a toda una generación. Y probablemente también a varias generaciones de youtubers, streamers y creadores de contenido que después intentaron replicar la fórmula. Algunos incluso la perfeccionaron técnicamente. Pero nadie ha conseguido ocupar su lugar. Ellos siguen siendo una leyenda de la televisión.
‘Jackass’ nunca ha cambiado realmente. Explosiones. Fuego. Golpes. Animales enormes. Decisiones horribles tomadas por adultos perfectamente conscientes de las consecuencias. La fórmula sigue funcionando porque siempre aparece algo inesperado. Y lo inesperado sigue siendo divertido.



Es fascinante escuchar la risa de Johnny Knoxville después de tantos años, encontrarte imágenes inéditas de principios de los 2000, o conocer al nuevo integrante del grupo, Larry el Robot; tque tiene más carisma que muchas mascotas cinematográficas actuales.
Pero lo que convierte ‘Best and Last’ en algo más que una recopilación es la sensación que deja cuando termina. Se parece mucho a la última vez que quedas con todos tus amigos del instituto. Cada uno tiene su vida, sus proyectos, sus problemas. Os volvéis a reír de los mismos chistes y recordáis historias que habéis contado mil veces. Todo parece normal pero todos sabéis que probablemente esta sea la última vez.
Cuando suena My Way de Frank Sinatra, la película deja de ser una colección de golpes y fracturas para convertirse en algo sorprendentemente emotivo. Un homenaje completamente desquiciado al poder de la amistad. A los recuerdos compartidos. A crecer sin dejar de ser un idiota.
Por eso la pregunta que sobrevuela toda la película es inevitable. ¿Por qué tiene que ser la última? Entiendo los huesos rotos. Entiendo las operaciones. Entiendo que el cuerpo humano tiene límites. Pero también sé que me encantaría volver dentro de diez años y encontrarme a este mismo grupo de hombres gastándose bromas absurdas con sesenta años, setenta años o los que hagan falta. Porque, al final, ‘Jackass’ nunca ha ido sobre hacerse daño. Ha ido sobre reírse juntos mientras ocurre.


