‘El Triángulo de la Tristeza’ navega entre clases sociales con un yate de lujo

‘El Triángulo de la Tristeza’ es de ese tipo de cine que se agarra a los problemas comunes de la sociedad y los expone hasta el punto de ridiculizarlos. En este caso, se burla de las clases sociales y las introduce en situaciones tan absurdas y descontroladas que ni las clases más altas son capaces de salvar. Ruben Östlund vuelve a firmar una película que pone en jaque todo aquello que crea superioridad. Puso en evidencia la clase burguesa en ‘Fuerza Mayor’ (2014) y se rió del arte contemporáneo -o más bien del postureo que conlleva- en ‘The Square’ (2017).

Lo más raro se disfraza de normal

Rodado con una puesta en escena clásica, es una película larga, densa y excéntrica con escenas absurdas que hacen que los personajes entren en conflicto con lo más simple y comienza con un primer acto orientado a demostrar este tipo de situaciones.

Desde una primera y cruel escena en un casting de modelos teñida de humor negro que se prolonga con momentos todavía más cuestionables hasta una cena en un restaurante donde la decisión por ver quién paga la cuenta provoca el choque entre sus protagonistas y desemboca en una discusión que abarca demasiados minutos en pantalla moviéndose entre distintas secuencias que juegan con elementos que las bañan de más humor ácido para desengrasar la situación y evidenciando el comportamiento de los personajes ante adversidades tan simples como ridículas -véase un ascensor cerrándose cada dos por tres en mitad de una disputa-.

Continúa con un segundo acto en un yate de lujo donde nos presenta a los trabajadores que se comportan como sumisos ante los pasajeros que se aprovechan de su privilegio de clase alta. Con mención de honor al capitán del barco interpretado por un Woody Harrelson que se apodera de la pantalla y protagoniza una de las mejores secuencias de la película junto a uno de los pasajeros. Aunque el momento culmen ocurre durante la fiesta que se organiza en medio de una tormenta donde una serie de circunstancias llevan al extremo a los tripulantes ocasionando un caos inminente y llevando la película a un tono al más puro estilo ‘Jackass’ con un recital de escenas incómodas y situaciones bizarras.

Esta sátira sobre el capitalismo llega al final en un giro de guion que se comporta como el iceberg de este Titanic de jerarquías que toca fondo sin hundirse. El viaje toma un rumbo inesperado y revela que los tripulantes no están preparados para los acontecimientos repentinos cambiando por completo los roles de los personajes. Dejando algunos cabos sin resolver importantes para la trama, pero no para el mensaje que Ruben Östlund refleja con todo lujo de detalles.

En resumidas cuentas

‘El Triángulo de la Tristeza’ retrata a esa clase de personas comidas por su estatus social que no sabe reaccionar ante una tragedia ni a sus consecuencias y que les sitúa al mismo nivel que al resto de gente. Personas que se permiten sentirse superior a otras, pero que no son nadie sin sus cifras en el banco. Desenmascarando también a los que muestran una cara al público para conseguir influencia en redes sociales, pero que son realmente opuestos a lo que exponen. Una crítica a la sociedad de ahora que se ha llegado a normalizar, pero que tanto aterra que siga existiendo.