‘The Man I Love’, ambientada en el Nueva York de finales de los ochenta, sigue a un artista teatral que convive con el sida mientras se enfrenta a lo que podría ser uno de los últimos grandes papeles de su vida. Pero lo que realmente hace especial a la película no es tanto lo que cuenta como la manera en la que decide hacerlo.
El director Ira Sachs nos introduce en la historia sin demasiadas explicaciones, dejándonos reconstruir poco a poco quién es este hombre. Durante los primeros treinta minutos cuesta encontrarle el sentido, pero a medida que avanza el relato, todo empieza a encajar. Es una película que confía plenamente en el espectador, que no necesita subrayar cada emoción ni poner en palabras aquello que ya está presente en las miradas, los silencios y los pequeños fragmentos de vida que nos regala. Ni siquiera llega a pronunciar la palabra sida, y, sin embargo, su presencia atraviesa cada rincón de la historia.



Es tanto precioso como doloroso la forma en la que la película reconstruye el mundo alrededor de su protagonista. Los retazos de las vidas que ha tocado, las relaciones que ha construido y todo aquello que deja atrás terminan componiendo un retrato mucho más grande de lo que parecía al principio. ‘The Man I Love’ deja muchas cosas fuera de campo, pero consigue que, al terminar, sintamos que hemos asistido a algo inmenso. Una película que crece despacio.
Y qué decir de Rami Malek. Su interpretación tiene una musicalidad y un desgaste espiritual que resultan tan fascinantes como inquietantes. Hay algo en su manera de moverse, de hablar y de habitar el cuerpo de este hombre que transmite la sensación de estar asistiendo a una despedida, incluso cuando la vida sigue empeñada en abrirse paso.



Es, sin duda, una de sus mejores interpretaciones, muy por encima de lo que vimos en ‘Bohemian Rhapsody’, y una demostración de todo lo que puede hacer cuando encuentra un personaje que va mucho más allá de la imitación.
‘The Man I Love’ es una película sobre el amor, el sexo, el arte y la necesidad de seguir interpretando un papel cuando la vida parece estar preparando el último acto. Una historia preciosa y compleja que entiende que, a veces, lo más importante no es lo que llegamos a ver, sino todo aquello que somos capaces de sentir entre fragmento y fragmento.


