‘Master gardener’: El samurái de las orquídeas

Cuando uno se enfrenta a una película de Paul Schrader sabe perfectamente a lo que va desde mucho antes de sentarse en el asiento de la sala, y es que el guionista y director norteamericano parece haberse propuesto realizar la misma película una y otra vez. Y ojo, a mí me parece perfecto.

Schrader siempre ha sido de esos autores que quieren dar a conocer su discurso, y ya desde ‘Toro salvaje’ o ‘Taxi Driver’, o desde sus primeras películas tras dar el salto a la dirección, como ‘Blue Collar’, es algo que se ha hecho notar. ‘Master gardener’, su nueva película, termina configurando lo que podríamos denominar como “la trilogía del samurái”, un tríptico de películas conformado por ‘First reformed’, ‘The card counter’ y, ahora, ‘Master gardener’. Las tres comparten un mismo tema y un mismo tipo de personaje; el samurái.

En ‘Master gardener’, Joel Edgerton interpreta a un hombre profundamente atormentado por sus actos del pasado (al igual que lo hicieron anteriormente Ethan Hawke y Oscar Isaac). En este caso, su historia es la de un nazi que, poco a poco (y con ayuda del cuerpo policial), se ha reinsertado en la sociedad y ha terminado trabajando como horticultor en el jardín de una mujer adinerada.

Es precisamente esa condición de hombre atormentado por sus propios actos la que acaba moldeando a su protagonista hasta convertirlo en una especie de samurái contemporáneo que, sin tratar de redimirse como tal, se esconde un remoto lugar hasta que llegue el momento en el que alguien requiera de sus servicios una última ocasión. Schrader trabaja una cantidad de capas casi incontable en la construcción de sus personajes y, en este caso, no iba a ser menos. Narvel no solo tiene un pasado oscuro y perturbador, sino que cuenta con un presente interesante y un futuro bello a la que vez que, en cierta medida, perturbador.

Pese a que las descripciones de la película hablan de un hombre racista a la que le asignan como aprendiz a una chica negra (lo cual es cierto), ‘Master gardener’ no trata sobre el racismo, ni sobre el auge del supremacismo y la extrema derecha en Estados Unidos. Por supuesto que, intrínsicamente, estos temas están presentes en la obra y tienen un eco que acaba pesando sobre la misma, pero ni mucho menos son su columna vertebral. El estudio de personaje realizado sobre Narvel es lo verdaderamente interesante, al igual que lo fueron en su momento los del Pastor Ernst Toller, de William Tell o del poeta Mishima en ‘Mishima: a life in four chapters’. Unos personajes que son extremadamente similares en muchos aspectos, pero con unas diferencias mínimas en las que uno encuentra la razón de existir de la cada una de sus películas. Paul Schrader vuelve a utilizar su fórmula una vez más, tal vez la última, tal vez solo una más. Y a mí, por supuesto, me sigue pareciendo perfecto.