‘Golpe a Wall Street’: el placer culpable mola más

¿Sabéis cuándo os coméis una onza de chocolate blanco con azúcar, de esos que hacen que la boca se te ponga pastosa, y pese a sentir que lo que habéis hecho no es lo mejor para vosotros, lo harías de nuevo mil veces más? Pues esa misma sensación es la que te provoca ‘Golpe a Wall Street’.

Basándose en una historia real, ‘Golpe a Wall Street’ cuenta cómo un buen grupo de usuarios de un foro pusieron en jaque la bolsa de valores de Estados Unidos, ejecutando un estrangulamiento coordinado que hizo que las acciones de GameStop, una empresa de videojuegos prácticamente arruinada, subieran hasta el punto en el que algún que otro fondo de valores tuvo que declararse en bancarrota.

El guilty pleasure, esa sensación que uno experimenta cuando observa con detenimiento una película que ni en forma ni en contenido resultan especiales y que, es más, en ocasiones se torna obscena e insípida pero que, aun así, siente la necesidad imperiosa de no apartar la mirada de la gran pantalla. Eso es ‘Golpe a Wall Street’.

Hablamos aquí de una obra en la que los llamados incels son vanagloriados, la temática es poco interesante y su forma no es nada especial (pese a notarse la mano de un buen director detrás) y, sin embargo, ahí están sus grandes resultados. En ‘Golpe a Wall Street’ se vive bien, pues la mezcla de sus temazos, chistes malos y la tensión que provoca intencionadamente para saber si todo saldrá bien es adictiva.

Golpe a ‘Wall Street’ no va a cambiar la historia del cine, ni mucho menos, pero la realidad es que estamos ante una película divertida, que engancha de lo lindo y que, sinceramente, volveré a ver para disfrutar de su entretenimiento.