‘Armageddon Time’: Un mensaje poco convincente

Con Armageddon Time, el cineasta James Gray (‘Ad Astra’, ‘Z, la ciudad perdida’, ‘The Inmigrant’) nos traslada a su infancia allá por la década de los 80 donde nos muestra una América manchada por dos problemas sociales que coexisten a día de hoy: el racismo y el clasismo. Si, además, contamos con un reparto de lujo encabezado por Anthony Hopkins, Anne Hathaway y Jeremy Strong, ¿qué puede salir mal?

Gray lo tenía todo a su favor para hacer una de las películas del año, pero ha terminado construyendo una historia plana con un protagonista que carece de carisma, personajes que apenas evolucionan en las casi 2 horas que dura la película y dejando en segundo plano dos temáticas fundamentales que simplemente ha utilizado para decorar su historia. Pero vayamos por partes.

Reflejo de su infancia y de la sociedad

Para relatarnos su infancia y ponernos en situación, el director se pone en la piel de un niño de 11 años bajo el nombre de Paul Graff, interpretado por Michael Banks Repeta (‘Black Phone’). Ya en los primeros minutos del film podemos descubrir que Paul tiene un don para el dibujo, habilidad que se toma tan en serio como la de intentar ser el bufón de la clase, donde se hace amigo de Johnny (Jaylin Webb), un niño negro al que acompaña en sus trastadas en el colegio y de quien se hace amigo enseguida.

La película nos sigue presentando más personajes del entorno que rodea a Paul, esta vez, en una cena familiar donde conocemos a su abuelo (Anthony Hopkins), con quien se siente muy unido hasta en momentos de conflicto. También descubrimos a Irving Graff (Jeremy Strong), un padre de familia estricto con sus dos hijos que solo quiere un futuro correcto para ellos, esposo de Esther Graff (Anne Hathaway), la madre del pequeño, quien se ha pasado horas cocinando para que el niño termine pidiendo comida a domicilio porque no termina de gustarle lo que hay en su plato -actos que traen consigo 0 consecuencias-.

Esta cena nos enseña que Paul siempre ha hecho lo que le ha dado la gana, nadie le ha frenado y no tiene intenciones de dejar de hacerlo. El único capaz de hacerle abrir los ojos es su abuelo que, con la historia de su familia judía huyendo del nazismo, consigue que el niño consiga empatizar, no solo con sus bisabuelos, si no con el pasado para no olvidarse nunca de él, pero creo que es un mensaje que, por muy emotivo que sea, no le vale al protagonista más que para conectar del todo con su abuelo.

Pero en toda la película se mantiene una misma línea en cada personaje: Paul haciendo de las suyas, los padres siendo igual de estrictos y permisivos que desde el principio y el abuelo jugando a ser el deus ex machina durante 114 minutos.

Con la ayuda del personaje de Johnny, James Gray nos muestra algunos de los muchos problemas que puede sufrir alguien solo por su color de piel. Así como la exclusión que puede vivir por pertenecer a una familia pobre. Y es un tema que, desgraciadamente, necesita ser tratado también a día de hoy, por eso creo que el director podría haber profundizado más en esas situaciones ya que las deja en segundo plano. 

La idea era buena

Igual me equivoco, pero si el racismo y los privilegios de clase media llevan existiendo desde que conocemos la palabra “superioridad” y ha habido tantas y tantas películas que han intentado tratar estos temas, no resuelves nada utilizándolo para decorar la historia de un niño de familia adinerada que quiere ser pintor, solo le apoya su abuelo y, cuando muere, cambia el chip y decide cumplir su sueño lejos de donde vive. 

Se salva la parte técnica

Para finalizar y pasando a la parte técnica, contamos con un montaje excelente adaptándose de forma correcta al ritmo que imponía cada escena. En cuanto al tratamiento de la imagen, tenemos una estética más fría que cálida con una iluminación bastante natural con medios rostros tapados por una sombra para terminar de describir al personaje. Planos con sujetos totalmente centrados (nunca he sido muy fan de esta opción) e intentando llenar toda la composición de la pantalla como si de un cuadro de Rubens se tratara.

La banda sonora solo ha estado presente en pocos instantes y no se ha echado en falta ya que se ha sabido justificar con un sonido ambiente muy bien tratado sin dejar momentos incómodos de silencio.