Kingsley Ben-Adir as “Bob Marley” in Bob Marley: One Love from Paramount Pictures.

‘Bob Marley: One love’: Is this love that I’m feeling?

Reinaldo Marcus Green se coronó en la ceremonia de los Oscar en 2022 después de ese premio a Will Smith, que interpretó el mayor papelón de su vida en la propia gala como ya todos sabemos. ‘King Richard’ fue la película que le catapultó a la fama y que le convirtió en ese típico director adecuado para realizar biopics de Hollywood. Dos años después, estrena ‘Bob Marley: One Love’.

Si uno tiene como referencia ese ‘King Richard’, esperará una película en la que su intérprete se salga, las formas estéticas sean más o menos correctas y su contenido más bien regular. Mentiríamos si dijéramos que Marcus Green intenta engañarnos, pues precisamente lo que ofrece es lo que uno se encuentra cuando ve su nueva película, dejando bien claro que parece no dar mucho más de sí como autor.

‘Bob Marley: One love’ no cuenta la historia de Bob Marley. De hecho, habría que estudiarse de forma muy minuciosa la vida del jamaicano para entender realmente lo que sucede en la película. Es el retrato del amor por las personas expresado a través de la música, pero sonaría mucho mejor si nos pusieran realmente al corriente del contexto social y del entorno del propio cantante. Y es que, si uno no conoce la vida de este, saldrá de la película sin saber por qué fue tan importante su concierto, por qué las mafias querían quitárselo de medio, quiénes son las propias mafias, de dónde surge el conflicto social, qué es de su vida privada y un sinfín de preguntas más que quedan sin respuesta.

La cinta está bien rodada, uno entiende ciertos conflictos internos de su protagonista y, siendo honestos, unos buenos temazos sobre la paz y el amor pueden rescatar algunos pasajes de la misma; pero es que su estructura hace que sea imposible entender el por qué de todo. Uno se pasa buscando causas y desenlaces de cualquiera de las mil cosas que suceden en la película y, tristemente, no suelen aparecer. Es por ello que entender qué hizo que Marley se convirtiera en una especie de gurú religioso que promulgaba la paz a través de sus canciones se convierte en una ardua tarea.

Kingsley Ben-Adir ya nos ha demostrado en múltiples ocasiones que es un actor fabuloso y, de alguna forma, con este papel principal también parece reivindicarse como un actor de nivel que busca grandes papeles, o al menos a su altura. Aquí se sale en un rol que, a priori, parecía ser complejo, pero que gracias a la cierta simplicidad de su guion y al desarrollo casi nulo de su personaje, se enfrenta a un trabajo sencillo y asequible.

Nunca sabremos por qué querían matarle o por qué su concierto final en Jamaica fue tan importante pero, lo que sí sabemos, es que Marley era tremendamente religioso (retratado de una forma un poco creepy, todo sea dicho) y le encantaba jugar al fútbol.