‘Un verano con Fifí’: Verano Rohmeriano siempre es buen verano

Hace menos de un año los directores Paul Saintillan y Jeanne Aslan se alzaban con el premio a la mejor película de la sección New directors del Festival de San Sebastián gracias a su ópera prima, ‘Un verano con Fifí’, una historia sencilla, de esas que siempre consiguen conectar con ese espectador que busca una historia en la que refugiarse cuando las temperaturas suben en su ciudad.

Fifi, la protagonista que da nombre a la película es una joven de clase baja, una chica de quince años que, de una forma u otra, busca alejarse de su problemática familia mientras que debe convivir con ella saliendo al paso problema tras problema. Tal vez con la referencia de la histórica ‘Intouchables’ en mente, sus directores (ambos guionistas) introducen al personaje de Stéphane, que cambiará el verano de Fifi y lo convertirá en una historia para el recuerdo en su mente.

Pese a que parece clara esa referencia de la obra de Nakache y Toledano, la realidad es que ‘Un verano con Fifí’ tampoco busca realizar un contraste gigante entre la vida de una y otro, pues al fin y al cabo es el simple contexto el que emplaza la película en un ámbito más alejado de lo social y mucho más cercano a lo romántico. ‘Un verano con Fifí’ no es otra cosa que un romance juvenil, pero para ser honestos, le sientan de maravilla los ecos del cine de Éric Rohmer que lo alejan de lo meloso y pegajoso para elevarlo a una categoría superior.

La relación entre el entorno, con un sublime retrato de la ciudad como hilo conductor de la historia, los personajes y, por qué no, el calor del verano francés crean un aura de ensoñación en la que la historia parece eso mismo, un simple sueño, de esos que disfrutas al máximo hasta que te despiertas cuando llega la mejor parte, y es que, al fin y al cabo, ¿quién no ha soñado con tener un verano como el de Fifi?

‘Un verano con Fifí’ consigue enlazar a la perfección todos sus elementos, jugando con maestría todas sus bazas para formar un relato coherente y bonito que sirve de retrato de la juventud actual, en muchas ocasiones desesperada por el simple hecho de existir, a la par que de historia casi coming-of-age en la que Sophie (Fifi) evoluciona como personaje de forma maravillosa. Tal vez no sea una obra maestra para el recuerdo pero, para qué mentir, cualquier joven director querría aspirar a debutar de esta forma. Rohmer estaría orgulloso.