‘Todas somos Jane’: La sororidad hecha película

Enfrentarse a una película de corte social siempre propone un debate interno que profundiza en los valores y pensamientos de cada cual; más aún cuando el tema que se trata es el feminismo y, más concretamente, el aborto, plenamente candente en la sociedad en la que vivimos hoy. La postura de la ‘Todas somos Jane’ y, lógicamente, de su directora Phylis Nagy es clara: Frontalmente a favor de los derechos de las mujeres y del aborto seguro y gratuito. Al fin y al cabo, como la propia protagonista esboza con una sonrisa, ¿por qué una ricachona en claro dominio de sus facultades votaría a los demócratas?

Phylis Nagy, quién ya maravilló al mundo con el guion de la galardonada ‘Carol’ (nominación al Oscar incluida) ahora construye una historia de avance en derechos, claramente progresista y optimista. En ella, una mujer de clase media-alta, cristiana y con unos valores familiares tradicionales requiere de un aborto para asegurar que su vida no correrá peligro. Jane siempre está ahí y siempre responderá por aquellas mujeres que lo necesiten.

Bien es cierto que la película peca de ciertos clichés en su dirección y guion, de esos que por mucho que quieran, algunos directores no pueden evitar reproducir una y otra vez, cayendo en el diálogo fácil, o peor aún, previsible. Aun así, Nagy, directora de teatro con no demasiada experiencia en la gran pantalla, consigue imprimir un sello de autora interesante, dotando a la obra de un aura mágica y levemente diferenciadora. Visualmente se esfuerza por representar lo que tiene que representar de la forma más correcta posible sin realizar artificios de más. Además, Sigourney Weaver vuelve a realizar un trabajo conmovedor, que sin ser de lo mejor de su carrera, sí que está a la altura de las grandes expectativas que siempre recaen sobre ella. Está claro que existen muchas películas similares, pero la verdad es que ‘Todas somos Jane’ engancha y educa así que, ¿para qué vamos a pedir más?