’Immaculate’: no hay reto que se le resista a Sydney Sweeney

Michael Mohan se mete de lleno en el terror psicológico para demostrar que el ser humano es capaz de hacer lo inimaginable por la fe. ‘Immaculate’ es un camino terrorífico lleno de baches cuya meta aguarda el peor de todos y hace que la película vaya continuamente a más sin dar un mínimo de tregua ni al espectador ni a su protagonista, la verdadera víctima de esos actos de fe.

Hace tiempo que Sydney Sweeney dejó de ser “la chica de ‘Euphoria’”, pues en menos de un año ha estrenado cuatro películas, cada una con un papel completamente diferente, y ha conseguido desmarcarse del rol que le abrió camino al éxito.

En ‘Immaculate’ interpreta a Cecilia, una joven devota que ingresa en un convento para hacerse monja. Allí su vida da un giro radical cuando descubre que su nueva familia esconde secretos aterradores.

La actriz hace uno de los mejores papeles de su carrera respondiendo con valentía a las adversidades que la trama le propone todo el rato. Demuestra que no tiene que ponerse un disfraz para ser la heroína de una película que no se da por vencida en su misión de no pasar desapercibida. 

Desde que asume su nueva vida se ve envuelta en una serie de misterios a los que hace frente como si fuera inmune, pero en un alborotado intento de darle sentido a lo que le rodea, se encuentra con una realidad que no le pertenece. Acompañamos a Cecilia en su dolor y no resulta muy complicado empatizar con ella, que se aferra a la vida para no dar descanso a las tragedias venideras.

El desahogo de la joven monja nos crea un nudo en el estómago que se enreda por momentos y, aun así, nunca deja de tener fe, no desiste y se juega la vida hasta que el mayor de los gritos deja a toda una sala sin palabras.

‘Immaculate’ supone el primer trabajo internacional de Álvaro Morte en el papel del Padre Sal Tedeschi con una muy buena interpretación. Tiene una voz que impone y una mirada que cambia para que la psicología de su personaje y la evolución del mismo sean otros puntos fuertes de la película.

El trabajo de Michael Mohan y su guionista Andrew Lobel ha sido la unión perfecta para ver crecer ‘Immaculate’ en tan solo una hora y media. Es de esas películas a las que se le agradece que sus componentes sean tan sólidos y su historia conozca el inicio y el final.

Gran parte del principio recuerda a esas películas de terror como ‘El Resplandor’ con un viaje en coche hasta el escenario que se va a convertir en el nuevo hogar, pero que termina siendo una pesadilla. 

‘Immaculate’ aprovecha muy bien los escenarios y crea rápidamente una atmósfera que entrelaza la religión y el misterio. También el resto de personajes, aunque muy secundarios, aporta sentido a la historia principal y la corta duración de la película no da lugar a situaciones paralelas- que tampoco hacían falta-.

La parte técnica se rinde a Cecilia cuyos planos centran su figura en composiciones simétricas donde el resto de términos, hasta ahora importantes, se desvanecen. El montaje y el soundtrack ceden a una intrigada trama llena de sustos para que no se sientan gratuitos y den sentido al verdadero propósito de la película.

‘Immaculate’ no se queda a las puertas de hacer algo grande, sino que las abre de par en par y deja de lado aquellos títulos cuya narrativa puede llegar a sentirse similar.