Crítica de ‘El verano en que me enamoré’: segunda temporada

La segunda temporada de ‘El verano en que me enamoré’ emite hoy su último capítulo en Prime Video y deja con ganas de la ya confirmada tercera temporada.

La serie basada en el libro homónimo nos traslada de nuevo a Cousins, pero esta vez con un objetivo inesperado: salvar la casa de verano. Para ello, Belly, Conrad y Jeremiah unen sus fuerzas, a pesar de los conflictos amorosos que ocurren entre ellos, y cuentan con la ayuda de otros personajes que dinamizan el proceso y crean tramas secundarias que no están presentes en el libro original, pero que sirven de alivio a la intensidad que proponen los tres protagonistas.

Del libro a la pantalla

Siempre cuesta creer que una adaptación sea completamente fiel al libro en el que se basa porque resulta mejor dejar parte de la historia a la imaginación y esta personificación de la trilogía de Jenny Han no es la excepción. Tramas secundarias inventadas, personajes nuevos e incluso algún que otro cambio que nadie pidió hacen que la serie termine participando en la historia para tratar de convertir este producto en un atractivo para todos los públicos.

Sin embargo, cuenta con líneas de guion sacadas con exactitud de las páginas del libro y mantiene la esencia de los tres personajes principales, que al final es lo que verdaderamente importa. Hasta el soundtrack es un acierto y es capaz de devolvernos la adolescencia al ritmo de Taylor Swift.

Trilogía ‘Verano’

Esta segunda temporada no pierde el ritmo y mantiene el nivel que estableció la primera. No se arriesga en exceso, pero se permite añadir de manera muy natural personajes nuevos que hacen de la serie un claro ejemplo de inclusión.

Habrá una tercera temporada que pondrá fin a esta historia de tres y, gracias a lo que hemos visto hasta ahora, sabemos que será un buen resultado.