‘Los buenos profesores’: Una vuelta a la tortilla a las típicas películas sobre la educación en institutos

‘Los buenos profesores’, película francesa dirigida por el talentoso Thomas Lilti, me ha dejado un gran sabor de boca en todo momento, cautivándome desde el primer minuto con su gran retrato de la vida en un instituto de secundaria parisino.

A diferencia de otras películas sobre el mundo educativo que se centran en la perspectiva de los alumnos o en los problemas del sistema educativo, esta peli nos sumerge en la realidad cotidiana de los profesores.

Conocemos a un grupo de profesores variopinto, cada uno con sus propias batallas y motivaciones, que se enfrentan con pasión y entrega a la difícil tarea de educar a las nuevas generaciones.

Me encantó la forma en que Lilti desarrolla a sus personajes. No son héroes perfectos, sino personas comunes con sus defectos y virtudes. Algunos se encuentran desmotivados por la burocracia y la falta de recursos, mientras que otros se aferran a su vocación con una tenacidad admirable. A pesar de las dificultades, todos ellos comparten un profundo amor por la enseñanza y un gran interés por el bienestar de sus alumnos, aunque más de uno no lo merezca.

La película nos muestra los típicos retos a los que se enfrentan los profesores en el día a día: aulas abarrotadas, alumnos conflictivos, padres exigentes y una administración que no siempre comprende las necesidades de la educación. Sin embargo, Lilti combina todo esto con momentos de humor y ternura que nos recuerdan la importancia de la risa y la conexión humana en el proceso de aprendizaje, haciendo de la película una comedia francesa de las que tanto gustan.

Uno de las cosas que más me gustó es que nos recuerda que la educación no se trata solo de transmitir conocimientos, sino también de formar personas. Los profesores de esta película no solo enseñan a sus alumnos matemáticas, historia o francés, sino que también les inculcan valores como la empatía, el respeto, la responsabilidad y el pensamiento crítico.

Las actuaciones son increíbles. Vincent Lacoste brilla como Benjamin, un jóven profesor sin experiencia que poco a poco va descubriendo la magia y el sacrificio de la enseñanza. François Cluzet, uno de los mejores actores franceses de la historia, no decepciona con su interpretación de un profesor veterano que lucha por mantener la ilusión a pesar de las desilusiones y las pocas ayudas, y para terminar, no puedo olvidarme de Adèle Exarchopoulos, la cual aporta frescura y sensibilidad a su papel de joven profesora idealista.

Por terminar, esta película está hecha para cualquier persona que haya pasado  por las aulas, ya sea como alumno, profesor o padre. Es una oda a la educación,  un homenaje a la labor de los docentes y una llamada a la reflexión sobre la  importancia de invertir en un futuro mejor para nuestros jóvenes.