‘Llaman a la Puerta’: M. Night Shyamalan nos encierra en su cabaña de juegos mentales

M. Night Shyamalan nos obliga a elegir entre lo ético y lo sensato en un juego donde nuestros sentimientos nos hacen olvidar que ‘Llaman a la Puerta’ es ficción.

El director de ‘Señales’ vuelve a jugar con lo irreal en ‘Llaman a la Puerta’, una película cuya trama se muestra al principio y la narrativa se vuelca en el desarrollo de la misma más que en el desenlace, con el único fin de hacernos disfrutar del trayecto. Incluyendo giros de guion y algún flashback que refuerzan la composición de los personajes principales. Por eso, si eres de los que prefiere disfrutar de la película en todos sus aspectos y evitar cualquier mínimo detalle, no sigas leyendo porque, aunque no incluya spoilers, hablaremos de la sinopsis.

Lejos de su sello y cerca de su esencia

Cuatro desconocidos irrumpen las vacaciones de una niña y sus padres alojados en una cabaña remota y les toman como rehenes obligándoles a tomar una decisión que les salve del apocalipsis. Con esta premisa, M. Night Shyamalan presenta una película diferente donde no llega a arriesgar como en anteriores títulos, pero sigue jugando con el engaño y con los personajes, construidos en una conjugación de detalles, y que no llega a cogerle cariño a ninguno. 

Esos personajes explotados al límite donde destaca la interpretación de Dave Bautista, quien deja atrás el papel de tipo duro en uno de sus mejores actuaciones hasta la fecha, centrándose en la naturaleza de su personalidad para mostrar su lado más sensible y su lado más perturbador.

El resultado es digno de un maestro

Podemos apreciar una magnífica parte técnica que logra el equilibrio perfecto entre la calidad visual y la excelencia del guion. Se desarrolla prácticamente en un mismo lugar, algo que muchas veces puede jugar en contra del director porque pueda llegar a saturar con escenas repetitivas, pero que Shyamalan lo lleva a su terreno y lo usa como ventaja para no cerrar la puerta de una cabaña en la que no entran más personas.

Con movimientos y tiros de cámara que juegan un papel fundamental a la hora de adaptarse a las inquietudes de los personajes así como la composición de los planos y un lenguaje cinematográfico que no hacen bajar el nivel del director de ‘El Sexto Sentido’.

Herdís Stefánsdóttir nos mete en escena y nos hace sentir la mar de cómodos gracias a la composición de la banda sonora y que, a pesar de no ser lo más relevante, sirve de acompañamiento perfecto a las secuencias de tensión que se nos proponen. 

En conclusión

Es un tipo de cine que convence por ser impredecible, rico en personajes bien edificados, algunos por su pasado, otros por su ética, y bien alimentados por unos diálogos que justifican una trama llena de intriga.