‘Gran Turismo’: Pole para David Harbour

Los aficionados al automovilismo y al videojuego original quedarán más que recompensados con una película que lo da todo de sí y se aleja del modelo estándar de ese cine que mezcla el mundo virtual con el real.

Si pestañeas te lo pierdes

‘Gran Turismo’ propone su arco narrativo con un ritmo acelerado que se esmera en hacernos partícipes de la tensión entre sus personajes tanto dentro como fuera de la pista y nos adentra en un mundo competitivo donde lo importante es la lucha por el premio y no la consecución del mismo. Y lo hace con un enfoque distinto a la manera conceptual en la que estamos acostumbrados a introducirnos en el mundo del videojuego o incluso de traerlo a la vida real. ‘Pixels’, ‘Free Guy’, ‘Space Jam 2’ y otras muchas películas del estilo poseen infinitos rasgos que las pueden definir, pero tienen mensajes recurrentes que no evitan que se sientan parecidas o incluso dirigidas a un público infantil. 

Uno de los puntos fuertes es la interacción con los efectos especiales con los que no abusa y consigue el equilibrio perfecto entre su atractivo visual y la propuesta inmersiva. Además de contar con unas localizaciones y algún que otro guiño que arranca una sonrisa a los aficionados al mundo del motor.

La cinta aprovecha la línea principal del argumento para tocar como trama secundaria varios palos como la confrontación familiar, las exigencias del exterior y la lucha con uno mismo y lo rodea de obstáculos que suponen el punto de inflexión de la película y hacen que termine siendo madura, emotiva y con corazón. Uno de los mayores riesgos de ‘Gran Turismo’ era la responsabilidad con la que se propone tratar esos temas, pero es capaz de resolver algunos y de comprometerse a atender aquellos que no se pueden solventar.

Archie Madekwe, a quien conocimos en ‘Midsommar’, encabeza esta carrera dirigida por Neill Blomkamp pero su intervención no destaca a pesar de ser el foco principal de la película. Y no por quedar a la sombra de las otras dos estrellas con las que comparte cartel, sino porque da la sensación de que le falta un pequeño empujón para que arranque de una vez su personaje. Orlando Bloom pone la parte enérgica a la cinta, pero es David Harbour el que posee el verdadero alma de ‘Gran Turismo’, el motor principal de la película, el Max Verstappen del cine.

‘Gran Turismo’ tiene más pros que contras y acaba en el momento perfecto sin llegar a saturar. Es un buenísimo producto audiovisual al que no le podemos pedir más ya que rebosaría de ambición.