‘Si pudiera, te daría una patada’: Un vacío taquicárdico

Hace tan solo unos días, Rose Byrne se alzó con el premio a mejor actriz de comedia en los Globos de Oro. Lo hizo por protagonizar ‘Si pudiera, te daría una patada’, la nueva película de la cineasta estadounidense Mary Bronstein que responde a esa tendencia hollywoodiense de tratar como “comedia” a todo aquello que se escape de lo puramente dramático. Y si es que si bien ‘Si pudiera, te daría una patada’ no tiene ni un solo momento donde la comicidad traspase la pantalla, sí que refleja un sentimiento crítico y ácido con respecto a la sociedad americana (y machista) en la que se emplaza. En ese sentido, es mucho más una especie de ‘Beau tiene miedo’ feminista o una ‘Matate, amor’ que a una comedia al uso.

‘Si pudiera, te daría una patada’ narra un pasaje de la vida de Linda, una madre que se enfrenta a múltiples desafíos en su proceso de maternidad. Su hija padece de una grave y misteriosa enfermedad que la retiene encamada e intubada todo el día; su marido, militar, se encuentra destinado en cualquier lugar excepto su propia casa, y desde la lejanía no puede parar de preguntar y demandar una atención que no requiere; y su trabajo como psicóloga es, cada día, más extenuante. Todo este sistema en el que una sola persona, mujer (porque es, posiblemente, la condición/cualidad más importante de la protagonista), debe encargarse de todo se ve definitivamente dinamitado por un accidente en su casa y su consecuente traslado a un hotel.

Bronstein retrata, por tanto, la ansiedad y la angustia de enfrentarse a un mundo que exige con rotundidad poder hacerte cargo de todo. Al fin y al cabo, eres una madre. No un padre, ni un hermano, ni un hijo. Una madre. Y por tanto, la construcción social hegemónica que, lejos de haber desaparecido con el tiempo parece estar cada vez más presente, se encargará de recordarte constantemente que, si no eres capaz, tal vez, no deberías haber si quiera comenzado, potenciando la culpabilidad hasta un punto en el que ni si quiera una psicóloga es capaz de soportarla. Es tu deber.

La directora utiliza recursos y símbolos particularmente interesantes. Por ejemplo, la cara de su hija (persona insufrible, por otro lado) se mantiene fuera de foco toda la película. Es imposible, si quiera, empatizar con esta y se demuestra, una vez más, que la mirada y el gesto son significativamente más importantes que la palabra. Su ausencia de rostro, de alguna forma, deshumaniza a un ser que, involuntariamente, no cesa la tortura que ejerce sobre su madre. El símbolo del agujero (o el círculo) cobra también una especial importancia en la película: la ausencia de materia, el vacío generado por una opresión en el pecho que prácticamente se puede palpar con las manos, igual que en su apartamento.

Estos momentos de brillantez, sin embargo, no terminan de conseguir que la película despunte. Al fin y al cabo, ‘Si pudiera, te daría una patada’ no deja de ser una obra más sobre la maternidad, que cambia la angustia por el drama pero que, en realidad, no se aleja tanto de la corriente cinematográfica a la que pertenece y no termina de sentirse como una experiencia verdaderamente original y única. Igualmente, no puede decirse que sea una mala película, por supuesto, pero quien vaya buscando comedia, tal vez, salga con una taquicardia de la sala de cine.