Scarlet: Shakespeare sin cafeína

Estamos acostumbrados a las reimaginaciones en clave futurístico-fantásticas que Mamoru Hosoda lleva realizando estos últimos años de los clásicos más clásicos de nuestra historia (véase su ‘Belle’ (2021) readaptando el cuento de ‘La bella y la bestia’). Esto, sin embargo, no debería ser un impedimento para disfrutar plenamente de las mismas pues, pese a conocer el desenlace la historia planteada, es el imaginario visual que propone Hosoda lo que se consagra como una seña autoral y, por tanto, el mayor reclamo para ver sus películas.

Y es que, en realidad, las películas de Hosoda no suelen contar con un gran guion (sobre todo teniendo en cuenta sus diálogos, que suelen ser, más bien, poco sugerentes), pero es precisamente la fórmula ganadora de imagen + historia lo que atrapa a una buena cantidad de espectadores y lo que ha acabado por generar una legión de fans que sitúa a Mamoru Hosoda en la cima del cine de animación japonés.

En ‘Scarlet’ (2025), Hosoda vuelve a recurrir a una historia ya contada. De hecho, una historia mil veces contada. Y es que el ‘Hamlet’ (1603) de Shakespeare podemos conocerlo por la propia obra del legendario escritor británico, por ‘El rey León’ (1994), por el ‘Hamlet’ (1996) de Branagh o, incluso, gracias a la novela ‘Hamnet’ (2020) cuya adaptación cinematográfica se ha estrenado este mismo año. Estamos en frente de una de las obras más estudiadas, reconocidas y reconocibles de la historia de la literatura (y del cine), y por lo tanto, es de esperar que una nueva adaptación traiga consigo, al menos, uno de los siguientes aspectos: que sea extremadamente fiel a la obra original o, por el contrario, que renueve de forma radical la imagen colectiva que tenemos de la obra de Shakespeare.

En ese sentido, ‘Scarlet’ se queda a medio camino. Si bien su estructura narrativa es muy cercana a la de la tragedia clásica (y por tanto, previsible), su concepto visual es… ¿original? Hosoda crea una amalgama de imágenes, personajes y tiempos que, más que demostrar ese derroche de originalidad que uno espera en una película de estas características, acaba por desorientar no solo al espectador, sino al propio guion de la película en sí.

‘Scarlet’ da vueltas y vueltas sobre un mismo concepto para llegar a una conclusión ya sabida por el espectador. Es difusa en su propio concepto y, pese a todo, es previsible. Es decir, que todo el efecto sorpresivo que podrían haber tenido sus imágenes se diluye lentamente según avanza la película. Y si bien cuenta con una protagonista muy potente o con unas imágenes poderosas e imaginativas, acaba por resultar insuficiente a la hora de ofrecer una experiencia verdaderamente disfrutable. Una pena.